El acto tuvo un tono entre galante y familiar en el que se re-confirmó el axioma de aquel primer eslogan «inventado» por un creativo del colegio riojano (luego fagocitado con permiso por el Consejo General de Colegios de Economistas de España) que decía: «Mejor un economista». No faltó casi nadie y hubo de casi todo. Por haber hubo hasta cine gracias al ocurrente conferenciante que hizo pasar en pantalla unas imágenes de El club de los poetas muertos.
El Gobierno riojano se presentó allí al límite del pleno. El primero y más importante, Pedro Sanz, su presidente. Con él llegaron algunos de los suyos, como el portavoz y consejero de la Presidencia y Acción Exterior, Emilio del Río, que lucía por cierto la más elegante corbata roja de las que allí se presentaron.
Roja la llevaba también Arturo Steven, y roja, pero de menor intensidad, era la de Francisco Martínez Aldama. Distintos eran los colores con los que llegaron vestidos el resto de invitados a los que según iban llegando saludaba el presidente de los economistas riojanos, Rodolfo Castresana. Poco antes que el alcalde de Logroño, Julio Revuelta, hicieron su entrada: José Ignacio Ceniceros, Luis Alegre, Alberto Bretón, Juan José Muñoz, Conrado Escobar y Javier Erro.
Con los economistas más jóvenes se mezclaron algunos de los primeros impulsores del colegio: Miguel Armañanzas, Fernando López Santo Tomás o José María Orbañanos. Con ellos estuvieron Eduardo Rodríguez, Gonzalo Vallejo, José Ignacio Maiso y Enrique Espuelas. Amable entre los amables, Víctor Bezares.
Muy diligentes (por algo estaban trabajando): Ana Vicuña, de 'Eventus', Roberto Mazo, Noemí Gabasa y Flor Raposo entre otros. De pronto, ¿oh! el alcalde de Alfaro, Tomás Martínez, que estrechó un millar de manos. Vimos a Fernando Domínguez que acudió puntual con su mujer, Isabel Romero, y también a una siempre guapísima María Bezares que parecía guarecerse tras el hombro de su esposo, Fran Calleja.
Durante un tiempo departieron amigables a la entrada, el rector de la Universidad riojana, José María Martínez de Pisón, con Eduardo Rodríguez y Belén Garnica. Aprovechó para saludar a algunos Fernando Aísa.
Lo mismo o algo parecido hicieron Teresa Martínez y José Ignacio Maiso. Más alegres que unas castañuelas estaban José María Fornier y Mariluz Bartolomé. Otros de los que repartieron sonrisas fueron José Mendizábal, Santiago Aparicio y José Elías Gómez.
Entre los más discretos pero siempre sin perder su cordial sonrisa, Luis Lerma. No se perdieron la celebración ni el director gerente de la ADER, Florencio Nicolás, ni tampoco Alejandro Bezares, que goza de la primavera, del verano y del otoño desde sus particulares cuarteles de invierno.
Al final y con razón, todo fueron plácemes y felicitaciones. Y por consiguiente el presidente del Gobierno riojano tiene una insignia más.