Jueves, 30 de noviembre de 2006
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Baloncesto
Llega la factura
El peor Caja Rioja del año cae humillado en casa ante un Palencia muy superior.
Llegó el Palencia, y humilló al Caja Rioja. El Clavijo se llevó al peor derrota del año; fue superado en todo, dio una imagen deplorable y acabó bajando los brazos: el 63-89 del marcador final fue la máxima renta palentina.
Llega la factura
Déniz regresé e hizo un buen encuentro./Díaz Uriel
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Tras un partido así es inexcusable preguntarse qué le ha pasado al Caja Rioja. El equipo que hasta hace un mes parecía capaz de todo, ha pasado a ser una caricatura de sí mismo. Un grupo que tira mal, que defiende flojo, que no tiene capacidad de reacción en los malos momentos.

Quizá es que el Caja lleva demasiado tiempo viviendo de prestado. Desde hace una semanas, en el aire había una factura sin pagar: las estrellas del equipo, sobre todo las referencias en ataque -Johnson, Moore, Smith- han ido poco a poco metiéndose en una de esas espirales fatales que se dan de vez en cuando: están tocados, pero el equipo no puede prescindir de ellos. Como deben jugar -y quieren, por su espíritu competitivo- sus molestias no mejoran. Antes al contrario, van a más. Ellos no están bien, y sus prestaciones van bajando.

Y aunque la factura puede demorarse unos días, siempre llega el momento de pagar. Ese momento puede ser más o menos duro. Y ayer fue durísimo: el Caja se quedó, de golpe, sin nadie que metiera puntos. Sólo David Suka, duro como una roca esta temporada, sumó para el Clavijo.

Los porcentajes cantan: el Caja, que hasta la pasada jornada era el mejor anotador de triples, metió ayer 5 de 19 (0 de 9 al descanso) desde la línea, y contando con que dos de esos triples llegaron en los minutos de la basura.

Un cuarto

De hecho, el Caja sólo aguantó el primer cuarto (15-12). Lo hizo porque Palencia estuvo espeso en ataque, y porque Stevie Johnson cogía rebotes en ataque, aunque luego no las metiera.

Luego, en cuanto los castellanos afinaron la puntería, empezó el despegue: 7 al descanso, 14 en el tercer cuarto, 26 al final.

Fue un roto sin prisa pero sin pausa. El Caja no es que estuviera espeso: es que no estaba. Sala no encontraba manera alguna de hacer que su equipo cogiera un poco de aire. Sólo una maniobra le funcionó, mediado el tercer cuarto: jugar con Smith de interior, de modo que pudiera sacar a sus defensores de la zona en ataque. Pero si luego los tiros no entran, de nada sirve. El mal ataque acabó contagiando todo. Es difícil resistirse a la dinámica, porque puedes matarte defendiendo cinco minutos a tope, pero si luego, en esos cinco minutos, has metido dos canastas, el esfuerzo no ha valido para nada.

Al final, el Caja se dejó ir. Eso es algo que no se había visto en el Palacio ni en los peores tiempos del año pasado, y quizá sea lo más reprochable en un partido en el que había mucho que reprochar.

Invita al optimismo el hecho de que este equipo haya jugado muy bien al baloncesto. La factura ha llegado cuando aún hay tiempo para salir del bache, así que habrá que esperar tiempos mejores. Porque, en realidad, es difícil que lo que llegue sea peor que lo de ayer.

 
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