Domingo, 26 de noviembre de 2006
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OPINIÓN

LA TRIBUNA DE LA RIOJA
Perder la vida por un agujero
Ante la proximidad del Día Mundial del Sida quisiera resaltar algunos datos recientes y sacar algunas consecuencias que me parecen indiscutibles pero que muchos desconocen, quizás por una propaganda ideológica interesada en ocultarlas.

El Sida ha originado 25 millones de muertos, la mayoría de ellos jóvenes, en 20 años. Actualmente hay 65 millones de personas contagiadas. Cada enfermo pasa por un periodo de 10 años de incubación, la mayoría de las veces sin enterarse de su problema ni de que está contagiando a otros. La política de prevención de esta enfermedad tan extendida y tan grave, se ha basado en el uso del preservativo. Pero no hay 'sexo seguro' con el preservativo. Nunca se han repartido tantos preservativos y nunca han aumentado tanto las enfermedades de transmisión sexual, sífilis y gonococia, cuyos gérmenes son de mucho mayor tamaño que el virus de la inmunodeficiencia humana.

Con el preservativo se reduce el 80% el riesgo de contagio de Sida. O sea, de 100 parejas serodiscordantes que mantienen relaciones sexuales sin preservativo, en un año se infectarían cinco personas. Usando preservativo, una. Es decir: la incidencia de transmisión del VIH con preservativo es 1'14 (IC95%: 0'56-2'04) por 100 personas año (Weller S, et al. Cochrane Library 2001.http://212.49.218.200/newgenClibplus). Ciertamente 'reduce' los contagios por una parte, pero los aumenta por otra al animar a iniciar precozmente las relaciones y al fomentar la promiscuidad. Y la probabilidad se repite cada año. Un medicamento que provocara un 1% de muertes, se retiraría inmediatamente de la venta al público.

Ante una enfermedad mortal para el 100% de los infectados, hay que actuar como se ha hecho con el tabaquismo: propugnando la abstención, no el filtro o la boquilla. Las medidas más eficaces en la prevención del Sida son la abstención, la fidelidad y educar a los jóvenes en el autodominio. Esto concluyen los estudios médicos (Workowski KA, Berman SM. Sexually transmitted diseases treatment guidelines, 2006. MMWR Recomm Rep 2006; 55(RR-11):1-94). Y esto coincide con lo que recomienda la Iglesia Católica.

Se puede decir que es difícil, pero la experiencia realizada en Uganda demuestra con hechos que estas medidas son eficaces. Es el único país del mundo que ha reducido drásticamente la tasa de infecciones. En datos reconocidos por la ONU, en 1991 había el 15% de infectados y en el 2004, un 4%.

Poner preservativos a todo el mundo es más fácil que enseñar a cambiar el comportamiento sexual. Es más fácil, pero no es la solución del problema. Una educación sexual 'veterinaria' para la ciudadanía, sin valores, que fomenta la promiscuidad y el libertinaje, que invita a la experimentación ('protegido' por el preservativo), no es una buena solución.

Hay que advertir a los jóvenes que determinados estilos de vida son gravemente peligrosos para la salud, incluso con preservativo. Y además dañan profundamente el significado humano de la sexualidad, la animalizan. Y dificultan, estoy convencido, la felicidad de las personas.

La misión de la Iglesia no es sanitaria. Consiste en llevar a los cristianos al cielo y hacer que sean felices en la tierra. Es claro que la Iglesia, con el estilo de vida que propone, previene muchas infecciones. Por otra parte, es la institución que lidera la atención de los enfermos de Sida: atiende, ella misma (75%) o mediante ONG´s católicas (15%), a uno de cada cuatro enfermos.

A mí, como católico, me duele que, a pesar de todo esto, algunos hablen como si la postura de la Iglesia fuera la causante de la expansión del Sida. Siendo fiel a sí misma propone la mejor solución, se comprueba que ésta funciona, y además destina a miles de personas que entregan su vida para aliviar a los enfermos en su sufrimiento. Y encima le echan la culpa A mí, como creyente, me refuerza la fe el ver cómo la Iglesia católica proclama lo que considera verdad aunque sea impopular o incomprendido, aunque no esté de moda o tenga mala prensa, aunque sea políticamente incorrecto.

No es algo nuevo. Antes de que se supiera lo que es una célula o qué es el ADN, la Iglesia defendía con valentía al embrión humano. Después la ciencia ha ido corroborando. Ha ido descubriendo que el embrión humano es un individuo distinto de su madre. Que tiene su patrimonio genético completo desde el principio. Que sólo le falta alimentación y tiempo para convertirse en adulto. Lo mismo que a un bebé de un año. Por eso merece tanto respeto, porque es un individuo humano.

Se ha propuesto como lema para hacer propaganda del uso del preservativo la frase: «No cambies tu vida por el sida». Es decir, no cambies de comportamiento y protégete con una goma. La Iglesia propone el uso de las virtudes. «No pierdas tu vida por el poro de un preservativo y cambia de comportamiento para ser feliz».

 
Vocento

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