Viernes, 10 de noviembre de 2006
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Un poco de ayuda es mucho
Una red de apoyo vecinal con un centenar de voluntarios trabaja en La Rioja para que las mujeres que han decidido poner fin a su relación de maltrato no se encuentren solas en su nueva vida
Una situación sostenida de maltrato suele acarrear para la víctima, aparte de una innumerable lista de calamidades y humillaciones, un insano aislamiento social provocado conscientemente por el agresor. No es infrecuente que, durante su relación con el maltratador, una mujer haya ido alejándose progresivamente de su entorno familiar y del círculo de amistades en el que se movía antes. Por eso, cuando una víctima toma la valiente decisión de romper definitivamente con su pareja puede que se encuentre totalmente sola.
Un poco de ayuda es mucho
Exposición de La Caixa, en la plaza del Ayuntamiento de Logroño, sobre los malos tratos. / JUSTO RODRÍGUEZ
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Con el objetivo de poner fin a esta circunstancia nació en el año 2000 la Red Vecinal contra la Violencia Doméstica, un servicio impulsado por el Gobierno regional, AFAMER, y la Federación de Asociaciones de Vecinos. Gracias a los cerca de cien voluntarios que esta asociación tiene en Logroño, Nájera, Arnedo, Calahorra y Alfaro, más de 150 víctimas de maltrato han encontrado el apoyo necesario para sobrellevar con éxito uno de los capítulos más difíciles por los que puede pasar la biografía de una persona.

Los integrantes de la Red Vecinal llevan a cabo una tarea tan aparentemente sencilla como indispensable: «Desde acompañar a las víctimas a un abogado hasta tomar un café con ellas», explica Nuria Lázaro, coordinadora de la asociación. «Las mujeres maltratadas son personas con sentimiento de culpa, con la autoestima baja y con problemas de aislamiento social. Necesitan sentir a alguien cerca, a alguien que les escuche, o que, simplemente, esté ahí con ellas».

Carla, una estudiante logroñesa de 24 años, es uno de esos apoyos desinteresados con el que las personas recién salidas de una situación de maltrato pueden contar. No lleva mucho tiempo en la asociación y recuerda con claridad cómo fue su primer encuentro con una víctima de malos tratos. «Lo primero que me sorprendió es que era una persona que no respondía al estereotipo que solemos formarnos la gente de lo que es una mujer maltratada: ella era estudiante también, más o menos de mi edad, una persona culta...».

Esta chica había salido de una complicada relación estable con un hombre que la maltrataba «y lo que más necesitaba era distraerse», de modo que la labor de Carla consistió básicamente en «salir con ella al cine, a exposiciones, acompañarla al médico o ir de compras». La joven consiguió salir adelante y ahora ha rehecho su vida en otra región española.

 
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