Los estudiantes de la Universidad de La Rioja celebraron ayer la apertura paralela del curso entre mus, catas, cenas y fiesta hasta la madrugada para afrontar con fuerza el año entrante
Ni una conferencia sobre gimnasia artística, ni la presencia de Nadia Comaneci o del patrio Gervasio Deferr hubiesen reunido ayer a tantos jóvenes en la Universidad de La Rioja. Tiempos aquellos cuando 'paralela' y 'barra fija' recordaban a un pabellón, un tatami, sudor y contorsiones. Ahora, la 'Paralela' es una fiesta universitaria y la barra fija, el deporte que más se practica durante la jornada.
Ayer, los estudiantes de la UR celebraron el comienzo del curso como se merece: jugando al mus, catando unos vinos elaborados por los alumnos de Enología y saliendo por la noche para catar más brebajes (y olvidar lo que se viene encima). Desde por la mañana, en el edificio de Peritos, comenzaron las libaciones y los duelos sobre el tapete.
Algunos despistados (o responsables, según se mire) mochila en ristre, se internaban hacia las clases, mientras la mayoría fichaba en el césped. Lo mejor, que el Consejo de Estudiantes, organizador del evento, recaudaba dinero para ayuda a proyectos de desarrollo y que, además, se dedicaba a limpiar los restos generados.
Vamos, un chupinazo pero en pequeño y con tintes universitarios. Después, la tarde y la noche en la Laurel y la Mayor, con muchos licenciados en estudios de 'cubateo' que se unieron a los verdaderos alumnos y que cerraron los bares de Logroño ya avanzada la madrugada. «Es que la Universidad estresa mucho», mamá.