Domingo, 5 de noviembre de 2006
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REGIÓN

TRIBUNALES
Un caos de justicia
Las obras de adecuación del viejo Palacio de Justicia a las necesidades físicas de la nueva Oficina Judicial dificultan el trabajo diario de funcionarios y magistrados
Los Juzgados de Logroño los habitan cada día cerca de 200 funcionarios y 75 jueces, fiscales, forenses y secretarios judiciales. Todos ellos tienen asumido desde hace años que el vetusto y algo tétrico Palacio de Justicia es un sitio angosto y muy incómodo para trabajar al ritmo que las necesidades actuales imponen. Pero estas dificultades se han hecho casi insufribles desde que comenzaran las ambiciosas obras que pretenden adecuar este decrépito edificio a las características físicas que exige una nueva forma de organización del trabajo denominada Oficina Judicial.
Logroño es una de las once ciudades españolas donde el Ministerio de Justicia ha decidido llevar a cabo las experiencias piloto de la nueva Oficina Judicial, que supone la reestructuración de los medios personales, materiales y tecnológicos que rodean al juez, en un atrevido intento por modernizar la Justicia y sacarla por fin de su legendaria situación de atasco.

En la práctica estos planes se traducen en un transitorio pero innegable caos. Las obras comenzaron en verano y no terminarán antes de marzo del próximo año. No hay estancia del Palacio de Justicia que, a día de hoy, no se vea alterada por la presencia cercana de unos plásticos en el suelo, una escalera apoyada en la pared, herramientas apiladas en el suelo o un acceso cortado. Los obreros han tomado el Palacio, en cuyo patio interior se amontonan sillas y mesas de oficina polvorientas, cajas rebosantes de documentos, armarios y ficheros que parecen haber llegado hasta allí víctimas de una riada.

«Así es muy difícil trabajar», protesta Laly Arnella, delegada sindical de Comisiones Obreras. «Yo no digo que no haya que hacer estas obras, pero ¿es necesario hacerlas con los trabajadores dentro? Lo lógico hubiera sido alquilar unos locales y trasladarnos allí mientras todo esto dure. Aquí hay tanto ruido y tanto polvo...».

Según explica Arnella, cuando las obras afectan más directamente a un grupo de funcionarios, éstos son trasladados a un recinto provisional llamado 'espacio comodín', y allí pasan dos otros semanas. «Eso es un caos porque, lógicamente, sólo te llevas lo imprescindible y luego resulta que necesitas determinados impresos o documentación que no tienes; así que todo se retrasa».

Al incordio del ruido y el polvo, Alberto Herrería (del CSI-CSIF) suma el de los «malos olores», y a los problemas de los trabajadores, los de los ciudadanos. «Ves a la gente por aquí totalmente perdida; por ejemplo, se dirigen a donde se les indica en una citación y luego resulta que no es allí, porque en ese sitio están de obras».

Los problemas derivados de esta última remodelación del Palacio «colman el vaso, pero hasta llegar a esto hemos soportado un continuo goteo. El año pasado también hubo obras; y se dan circunstancias tan chocantes como que en las del año pasado se tiró un tabique en lo Contencioso y en las de este año se ha vuelto a construir». «El otro día, por ejemplo -recuerda el sindicalista- pasó lo de la inundación, hace un mes estuvimos una semana con los ordenadores caídos... A lo mejor un día los trabajadores explotamos. Como las cosas sigan así habrá que tomar alguna determinación».

 
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