Domingo, 5 de noviembre de 2006
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OPINIÓN

CARTAS
Omisiones, contradicciones y Halloween
Alguien, con más autoridad que yo, escribe con razón desde la jerarquía eclesiástica riojana, pero nadando y guardando la ropa, sobre el anglosajón Halloween. O sea, esperpentos sí, pero sin avergonzarnos de lo nuestro. En un pueblo cercano a Logroño donde viven algunos de mis nietos, se hizo un «ritual» tomando un «sorbito de sangre». Eso sí, en forma de granadina (aunque todo llegará). Como decía Chesterton: «Quitad lo sobrenatural y sólo os encontraréis lo antinatural».

Así que recordamos que el problema no está sólo fuera; también dentro de la jerarquía, pues se observa desde hace muchos años, sin excepción, a menos que conozcamos que cuando cualquier sacerdote celebra una misa funeral en cualquier parroquia, por cualquier fallecido, siempre se comienza asegurándonos que el difunto ya está gozando de Dios en el cielo, haya muerto sin recibir los sacramentos, de repente, no haya pisado en su vida una Iglesia, sea un inmoral, viva en adulterio o haya tenido cuatro queridas.

No seré yo quien juzgue lo que pueda pasar entre Dios y el interior de la conciencia de cada persona. Pero si para entrar en el cielo hemos de ser santos e irreprochables y limpios de todo pecado, dada la débil condición humana, queda la duda de que al menos tengamos que pasar una buena temporada en el Purgatorio hasta expiar, cierto que por amor, nuestros defectos y pecados.

Porque si los sacerdotes comienzan la misa aseverándonos que el difunto está ya gozando de Dios en el cielo, ¿a qué viene después pedir por él? Lo lógico será encomendarnos al fallecido puesto que goza de la Bienaventuranza eterna y no necesita de nuestros sufragios.

Es uno de los grandes errores de la jerarquía eclesiástica y una contradicción sin límites. No niegan la resurrección de la carne puesto que Cristo ha resucitado. Pero jamás dicen que ésta ha de ser eternamente feliz o eternamente desgraciada. Siempre feliz.

Es la negación del infierno de los réprobos (que Cristo nombra una montonera de veces en los Evangelios) y del purgatorio. Y son dogmas de fe. Es cierto que Cristo murió por todos, pero la eficacia de su redención no se aplica a los que usando o mejor abusando de su libre albedrío no quieren abrir su alma al surco de la gracia.

Si ya estamos todos salvados, la verdad, es que no nos hacen falta ni funerales, ni el día 2 de noviembre, ni Cristo, ni la Iglesia, ni el Papa, ni los obispos, ni los sacerdotes, ni la Santa Misa, ni los Sacramentos, ni la moral objetiva, ni nada de nada.

Ricardo Pascual

 
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