Su testamento vital es poéticamente claro: «Solicito que, cuando la vida (que es vértigo y creación y luz y dolor de parto por ser más) me retire su ávida confianza, no se me sostenga, ni un solo instante después, ni el pulso ni el vagido. Deseo vivir con la hermosa dignidad con que vivió este ser, que contemplo adentrarse desesperado por la muerte, sin que lo dejen libre nuestros perros de presa melosos y cobardes: el malentendido amor, la abnegación estúpida, la fraudulenta esperanza. Y deseo morir (nunca comprenderé ni toleraré el dolor inservible) con la hermosa dignidad con que tiene que morir un ser humano, que ha vivido su vida y va a vivir su muerte».
- ¿Por qué decidió redactar un testamento vital?
- Siempre lo he tenido muy claro. Para mí, es aberrante mantenerse vivo con tubos y pastillas y decidí que yo jamás iba a pasar por esa situación. Siempre he sido una mujer vital alegre y me niego a que el día en que me tenga que morir acabe postrada y entubada. Además, tuve una experiencia con mi madre que falleció tras una larga enfermedad y 36 días en coma. Ese mes y medio no se lo deseo a nadie porque fue horroroso.
- ¿Resulta complicado dar el paso?
- Yo estaba tan convencida que, en cuanto tuve la oportunidad, fui al Ayuntamiento de Logroño con unos amigos que firmaron como testigos y redacté el testamento vital. Pensar en que me tengan que bañar, que limpiar, que alimentar, incluso que me den oxígeno artificialmente para mí es peor que la muerte. Siempre me he sentido tan llena de vida, con tantas ganas, que no concibo verme o ser como un paquete o como un vegetal.
- ¿Cree que la sociedad está concienciada o que todavía se trata de un tema tabú?
- A las personas les cuesta pensar y hablar de la muerte. En mi familia, por ejemplo, me lo dicen siempre, cuando hablo del testamento vital y de lo que quiero que hagan si me muero. Pienso que igual no me comprenden. Yo, sin embargo, se lo cuento a todo el mundo, a mis amigos, en las clases de la Universidad Popular... Siempre he hecho campaña por las causas que considero justas, y ésta es una de ellas. Sólo pido a todos que respeten mi decisión, como la de ser donante, y, sobre todo, mis últimas voluntades.