Los datos reflejados en la encuesta también demuestran que el sistema educativo de la comunidad no es ni una balsa de aceite ni una jungla sin normas. Casi el 80% de los encuestados reconoce que en alguna ocasión se ha sentido menospreciado, mientras que la cifra desciende al 52% cuando se habla de amenazas.
En cuanto a las agresiones físicas, 10 de cada 100 maestros consultados reconoce haber padecido golpes o empujones por parte de sus alumnos en alguna ocasión a lo largo de su carrera docente. «Es lo que se denomina la 'baja conflictividad', que no resulta denunciable y por eso no llega a dominio de la Administración, que prefiere no saber nada, pero que quema a los docentes porque la sufren día tras día», asegura Isabel Crespo, de CSI-CSIF.
Son los profesores de Secundaria los que más tienen que lidiar con la osadía y la falta de respeto de los alumnos. Hasta 24 maestros de adolescentes reconocen haber sido agredidos en algún momento, por cinco de Primaria.
Pero los problemas de la conflictividad no sólo se dejan notar en las aulas de los centros. Los profesores, tras acabar su horario, se los llevan a casa como un complemento más. Uno de cada cinco docentes asegura que estos problemas les han influido en su vida personal y hasta 32 profesores (de 292 encuestados) han tenido que solicitar la baja laboral por estrés, ansiedad o depresión.
Para acabar con esta lacra, exigen que se les conceda más autoridad y que se elimine la excesiva burocracia, que ralentiza y minimiza los castigos a los alumnos más díscolos. La Educación ha sufrido grandes cambios en los últimos tiempos. Nuevos sistemas educativos, asignaturas, obligaciones estudiantiles... Pero si en algo se han notado los cambios ha sido en las relaciones entre profesores y alumnos. «Antes, cada cosa que recomendabas o decías a un alumno en clase era contestado por un 'sí, seño' en la mayor parte de las ocasiones. Sin embargo, el pasado año recriminé a un alumno su actitud en clase y me respondió: 'Usted no es nadie para decirme eso'», explica una profesora con una experiencia que casi llega a las dos décadas. «Lo triste es que no se trata de un caso aislado, sino que cada vez resulta más común», añade.
«El problema no es tanto la capacidad de los alumnos o el interés, que se ve que ha disminuido. El verdadero meollo se encuentra en la situación de desamparo de los docentes cuando nos enfrentamos a casos de indisciplina, por pequeños que estos sean», corrobora otro maestro. «Los padres solían apoyarte cuando veían que sus hijos incumplían las normas o se comportaban mal. Ahora, lo más normal es que justifiquen a los hijos y que te critiquen por no saber manejarlos, cuando la indisciplina viene de la casa, no es culpa del colegio ni del profesor», indica otro educador de Primaria.
Para poder expulsar a un alumno actualmente, el docente tienen que amonestar verbalmente al menor para después pasar a mandar una comunicación a los padres en el cuaderno. Tres comunicaciones después se hace un parte de expulsión, de un máximo de tres días y, tras acumular varias faltas, se procede a abrir un expediente.
«Para cuando realmente se puede expulsar a un alumno, pueden haber transcurrido entre dos meses y medio año», indica una docente. La situación en la que viven muchos docentes, angustiados por la presión de los alumnos, ha hecho encender las alarmas del sindicato CSI-CSIF. Para la central, «lo más grave es que los gobernantes no toman conciencia real del problema y siguen pensando que no existe violencia».
Según indica CSI-CSIF, «la recuperación de la motivación y la autoestima pasa por el apoyo de la Administración y los padres, ya que hasta un 40% justifican a sus hijos ante suspensos e incidentes, además de reconocer socialmente al profesor y considerarlo como la autoridad en el centro educativo».
Además, Isabel Crespo recalca que se necesita «una más práctica y mejor educación de los futuros profesores». Según esta representante sindical, «los estudiantes de Magisterio no son conscientes de la situación real en las escuelas e institutos, por lo que creo que se tendrían que cambiar los planes educativos y enseñarles a enfrentarse a la indisciplina de algunos», concluye.