Viernes, 13 de octubre de 2006
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Un trágico día en el que murieron dos jóvenes
Un monolito levantado en la N-113 de la localidad de Castejón recuerda uno de los días más tristes en la historia de la Guardia Civil. En ese mismo lugar tuvo lugar a las 18 horas del 9 de junio del 2004 el asesinato de dos jóvenes agentes destinados en Calahorra: Juan Antonio Palmero Benítez y José Antonio Vidal. Aquel día, ambos estaban escoltando un transporte especial -un vehículo pesado con palas para molinos aerogeneradores- en un servicio rutinario y sobre las 18.30 horas estaban en la carretera esperando el relevo de sus compañeros de Navarra.
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En ese momento, un todoterreno verde, marca Suzuki, llamó su atención. Al intentar darle el alto, se inició una persecución que, sin embargo, no duró mucho: pocos metros más allá, en el kilómetro 78 de la carretera, el Renault Laguna de los guardias alcanzó al todoterreno y se puso a su altura.

Desde el Suzuki salió una ráfaga de balas que acribilló el vehículo de la Benemérita en su parte derecha y en el parabrisas. Testigos presenciales describieron el arma como «una ametralladora pequeña». Las balas hirieron a los dos agentes en la parte superior del cuerpo. Uno de ellos falleció en el acto, y el otro a los pocos minutos, a pesar de que testigos presenciales primero, y las ambulancias desplazadas al lugar después, intentaron reanimarle. El todoterreno se dio a la fuga y con él, presuntamente, 'El solitario'.

 
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