La historia en movimiento
Los Reyes inauguran hoy la Ciudad del Vino de Marqués de Riscal
Elciego, y Rioja, ya están en el mapa turístico mundial gracias a la Ciudad del Vino de Marqués de Riscal, que inauguran hoy los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía. Una ciudad en la que deslumbra el hotel diseñado por el arquitecto norteamericano Frank Gehry, pero que guarda en sus muros la primera bodega de elaboración bordelesa de Rioja (fundada en 1860) y que los herederos de Camilo Hurtado de Amézaga se resisten a que pase inadvertida. Al fin y al cabo, Marqués de Riscal no deja de ser una empresa bodeguera, como recordó ayer Alejandro Aznar, presidente de la compañía: «El hotel es consecuencia de una apuesta por la imagen para reforzar nuestra marca, hoy presente en 70 países, con una exportación del 50% de la producción, que aspiramos a elevar al 80%».
Riscal ha restaurado en los últimos ocho años la bodega original y sus sucesivas ampliaciones y ha construido una nueva de última tecnología (con 158 depósitos y un botellero para cuatro millones de unidades) en una Ciudad del Vino de 100.000 metros cuadrados que integra los edificios del XIX, del XX y del XXI y en la que ha invertido 70 millones de euros. Frank Gehry describió ayer su diseño como «algo excitante, festivo, porque el vino es placer». Placer como el que sintió él mismo cuando fue invitado en la catedral -el cementerio de Riscal que guarda vino de todas las añadas desde la primera de 1862- a una botella de 1929, que fue clave para que aceptara un proyecto «tan pequeño».
El edificio, un hotel de 40 habitaciones (14 bajo la «sombrilla» de titanio y 26 anexas), que gestiona la cadena de lujo Starwodd con el cartel de 'no hay habitaciones' desde la apertura el pasado septiembre, impacta a primera vista con la armonía de un pueblo vitivinícola cargado de historia y de piedra, pero todo está pensado hasta el último detalle: la cota es un metro inferior a la torre de la iglesia, la suite Gehry mira a la plaza principal por unas impresionantes cristaleras por deseo expreso del arquitecto y los colores de las placas de titanio -que costó dos años elegir- son el rosa (vino), el oro (la malla de las botellas de Riscal) y la plata (cápsula).
Nada se ha dejado al azar para seguir en vanguardia, como en su día se logró con la primitiva bodega de Camilo Hurtado de Amézaga: «Al principio puede parecer un poco raro -reconoció Gehry-, pero luego se consolidará en las mentes; los edificios necesitan tiempo». Tiempo necesita también para crecer el viñedo de las inmediaciones, sobre el que autor pretendía hacer descansar su obra: «Un animal, que expresa movimiento, galopando en el campo».
En la presentación estuvieron también el máximo responsable de Starwodd Hotels en Europa, Steven J. Heyer; los propietarios de Caudalie, Mathilde y Bertrand Thomas, firma pionera en vinoterapia y que gestiona el spa; y el cocinero riojano, Francis Paniego, que dirige el restaurante: «Riscal aúna tradición y modernidad, como hacemos nosotros en Echaurren, salvando las distancias, desde nuestra fundación en 1898; para mí es un reto impresionante y apasionante».