Las ensaladas rusas de verdura y carne se alternan con el bacalao a la riojana y las patatas con chorizo. «Hemos pensado en una cocina para todos los gustos», explica Madina, que trabaja con dos compatriotas, Fátima y Asia. Los comensales que atienden son tanto ciudadanos del Este de Europa que residen en la región como también muchos riojanos que desean probar la reconocida comida rusa: las brochetas de cordero o las empanadas con carne y especias, entre otros platos. Al local acuden además numerosos peregrinos del Camino de Santiago. Todo mientras suena música tradicional del Este de Europa.
Pero la historia de este restaurante resulta indisoluble a las peripecias vitales de Madina Cafernova. Esta mujer, natural de la república caucásica de Dagestán, logró escapar de su país en el 2003 después del asesinato de su esposo, un hombre «importante» de su región. «Quien intenta cambiar las cosas en mi país es perseguido», recuerda, sin poder ocultar una gran tristeza. El asesinato de la periodista Anna Politkovskaya volvió, el sábado, a darle la razón.
Con sus cinco hijos del brazo (tienen entre 5 y 14 años), Madina consiguió llegar a Alemania, donde residió hasta noviembre del 2004. Pero en aquel momento, decidió cambiar de vida y viajó hasta San Sebastián, ciudad desde la que se trasladó después a Logroño. Acudió al centro de Cruz Roja, solicitó el estatuto de refugiada política y se lo concedieron. «Estoy muy agradecida a todo el personal de la Cruz Roja. Hemos podido salir adelante gracias a ellos porque ellos siempre me han transmitido ganas de vivir», afirma Madina.
Tras regularizar su situación, la idea de regentar un restaurante tomó forma paulatinamente. «Me gustaba la idea de poder salir adelante con la ayuda de Fátima y Asia. Las tres formamos una familia», agrega.
Como en todos los negocios, los inicios son difíciles «porque aparecen gastos por todos los sitios», subraya Madina, que sin embargo, asume que para conseguir el éxito «hay que tener paciencia». El establecimiento abrió sus puertas en septiembre y durante San Mateo, cuenta la propietaria, hubo mucho ambiente. «Percibo que a la gente le está gustando la comida rusa y los que vienen suelen repetir», indica. El primer restaurante ruso de La Rioja ofrece nuevas posibilidades a los paladares más cosmopolitas.