«Todavía me toca limpiar todos los ceniceros del bar. Cuando vea alguno limpio, diré que ha bajado el consumo», resume Carlos San Martín, camarero del bar Roche. «Hay que recargar la máquina de tabaco cada dos o tres días, exactamente igual que antes», prosigue.
Este camarero sigue sufriendo diariamente el incordio de trabajar en un bar de fumadores. «Se fuma lo mismo y después de comer siempre te toca chuparte el humo de algún puro que te indigesta, pero bueno», explica con resignación.
La tendencia es similar en todos los bares, aunque se notan pequeños gestos. «Se fuma más o menos lo mismo, especialmente en la gente que viene a comer o a cenar», indica Héctor, camarero del Drunken Duck.
«Pero en la barra sí que parece que la gente se corta un poco más y ya no se pone de humo como antes. Además, mucha gente, aunque hay carteles y ceniceros, te pregunta, por si acaso, si se puede fumar en el bar», añade este trabajador. Mientras, en las discotecas, la creación de espacios 'libres de humo' pero sin separación provocan que la nicotina se siga propagando.