Los arnedanos cerraron anoche las fiestas con el 'Pobre de mí', pero antes hubo tiempo para la degustación de migas, el zurracapote, el concurso del mayo y la última suelta de vaquillas
Así, de repente, y casi sin previo aviso, la vida normal. La rutina. El trabajo. Los arnedanos disfrutaron ayer de la séptima y última jornada de sus fiestas patronales y hoy se reencuentran, de cara y a las duras, con la normalidad. Con las ocho horas de trabajo -y alguna que otra extra-. El colegio, el instituto. La casa por recoger, la nevera por llenar.
El de ayer era día de despedidas. Se iban las últimas fiestas grandes riojanas, se marchaba el último amago del verano... Pero, aún con todo, los arnedanos demostraron buen ánimo durante todo el día, aunque muchos reservaron sus fuerzas conscientes de lo que esperaba hoy. Ejemplo de ello fue el 'Pobre de mí', donde el adiós a las fiestas contrasta con el baile y el jolgorio de las peñas, amenizadas ayer por el incombustible Makoki y su troupe que, a ritmo charanguero y carcamal, intentaron alargar lo posible el momento de enterrar la cuba y la traca fin de fiestas -mientras, Cruz Calahorrano y la Escuela de Jotas brindaban unos cantos populares desde el escenario de la puerta Munillo-.
Y junto a las despedidas, volvió a quedar claro que los niños no entienden de finales. «Mira, mira, allí», señalaba un pequeño a sus padres. Sí, el parque infantil de La Paz estaba abierto con sus hinchables, sus 'miniquads' y su trenecito. Ya había un lugar donde ir tras las vaquillas. «Mañana (por hoy) abre la feria», advertía una niña a su madre. Ya hay lugar al que ir aunque no sean fiestas.
La degustación, ésta de migas por La Quincalla, y una nueva edición del concurso del mayo, con su degustación de zurracapote fueron las citas del mediodía, mientras que la última novillada y la decisión del Zapato de Oro eran protagonistas de la tarde. Y después, el 'Pobre de mí' y esa tentación de dejarse llevar por «la última» o reservar fuerzas. Porque tiene que ser duro el día de hoy....