La Asociación Labor organiza un curso de ayudante de cocina sudamericana para facilitar el acceso al mercado de trabajo a mujeres inmigrantes
Se suele hablar del crisol de civilizaciones para referirse a la fusión entre diferentes civilizaciones, ya que en esta parte de los hornos es donde se alean los diferentes metales. Con ocasión de los cursos de cocina para inmigrantes provenientes de países muy alejados entre sí, es más adecuado utilizar términos más gastronómicos como 'guiso', 'gazpacho' o 'puré' para referirnos a la mezcla de diferentes formas de entender la cocina.
La Asociación Labor ha organizado durante este verano un curso de formación para ayudante de cocina sudamericana en el que las participantes, ocho mujeres de diversas nacionalidades, aprenden la cocina autóctona de Colombia, Ecuador y Bolivia.
Este curso persigue la integración laboral de mujeres de baja cualificación profesional y emigrantes de países como Ecuador, República Dominicana, Colombia, Guinea Ecuatorial y Marruecos.
Las alumnas, de entre 16 y 55 años comenzaron el curso el 21 de julio y finalizarán el 30 de noviembre. En estos cuatro meses recibirán 300 horas teóricas; 25 sobre prevención de riesgos laborales y sensibilización ambiental y 200 prácticas en restaurantes especializados en las diferentes cocinas: colombiana, boliviana y ecuatoriana. Pero siempre tienen tiempo para bromas entre plato y plato.
Amistad entre fogones
Ana, de Colombia, y Viviana, de Guinea Ecuatorial, son las más 'guerreras' porque no cesan de bromear durante las clases.
«Lo que nos enseñan no es difícil, además yo tengo la ventaja de conocer la cocina de Colombia» afirma Ana, a lo que Viviana añade: «La cocina guineana tiene muchas cosas en común con la sudamericana, por lo que tampoco es difícil para mí poder cocinar estos platos».
Respecto a la gastronomía riojana, Ana piensa que «es muy fácil de preparar» y Viviana declara: «Me encanta, pero creo que aquí no la valoran lo suficiente».