La historia se remonta hasta la Guerra Civil. En 1936, el abuelo de José María, de apellidos Noa Gay, llegó a Logroño para trabajar en Transportes Medrano, la empresa que se encargaba de llevar los pedidos de Tabacalera. En la fábrica de Tabacalera conoció a una mujer, Concepción, con la que tuvo una hija, Conchita Noa Galán (madre de José María), en 1937. Tras unos años de convivencia en pareja, el abuelo se marchó a combatir con la División Azul. «De Rusia volvió con sífilis», cuenta su nieto, incidiendo en un detalle que ayuda a explicar lo que ocurrió después. «Mi abuela no preguntó nada de la sífilis, pero...», deja en el aire.
«En Logroño, a mi madre la cuidaba una prima de mi abuela», continúa José María, que explica más adelante que la relación entre esta prima y Noa Gay se convirtió en «muy cercana». «A mi abuela le llegaron rumores de que su marido le estaba siendo infiel con esta prima. Un día, salió del trabajo antes de hora. Les pilló en la cama», añade.
Corría el año 1944, según recuerda, con dudas, el narrador de la historia, y la infidelidad descubierta desencadenó los acontecimientos. El abuelo de José María abandonó el hogar. «Lo desterraron. Mi abuela era de la familia Frías, bastante conocida en el Logroño de la época. Gracias a algunos contactos, hasta consiguió la nulidad matrimonial eclesiástica», agrega. Mientras tanto, Noa Gay se marchó a Sevilla y perdió cualquier tipo de contacto con su familia riojana. Hasta 1981.
«Aquel año, decidió venir a Logroño para buscar a su esposa y a su hija», apunta José María. Pero su hija (Concepción ya había muerto) no estaba dispuesta a reencontrarse con él tras haber sido abandonada 37 años atrás. «Se enteró de que mi madre y yo desayunábamos en la cafetería Las Cañas. Un mañana, nos esperó. Mi madre entró, le vio de lejos y nos marchamos de ahí. Tantos años después, no tenía nada de qué hablar con él», recuerda José María. Fue el último contacto, siquiera visual, que Conchita mantuvo con su padre. Dice José María que quizá su madre se arrepiente ahora de no haber tomado un café con su abuelo aquel día.