En Logroño trabaja la asociación Amín, una entidad dedicada a la atención de los inmigrantes y que proporciona a los niños un lugar para jugar y disfrutar durante dos tardes a la semana. Muchas son las actividades que se realizan en esta especie de ludoteca improvisada que lleva ya tres años funcionando en la calle Torremuña.
Durante las mañanas y las tardes de los martes y de los jueves, dos voluntarias dedican parte de su tiempo a realizar actividades y ayudar a que estos niños pasen parte del día acompañados de mayores. «Lo mejor que tienen estos talleres es que conviven niños de diferentes razas y eso es lo que más nos gusta; es una maravilla ver a los niños disfrutar y divertirse». Mohamed, encargado de la Asociación, sabe que con poco los niños son felices. «No podemos contar -dice- con materiales de última generación ni cosas por el estilo, jugamos con lo básico. Unas pinturas, algunos puzzles y mucha imaginación, eso es lo que prima en esta asociación».
El principal objetivo de estos talleres, tal y como nos cuenta Mohamed, es que «los niños no pasen tanto tiempo en la calle. Hay veces que tienen que pasar mucho tiempo solos porque sus padres están trabajando y no tienen tiempo para cuidarlos. Es una verdadera pena ver a chiquillos tan pequeños pasar horas en las calles sin saber qué hacer».
Gran fiesta de despedida
Las monitoras, Esther y Soledad, son las encargadas de hacer realidad este gran proyecto de Mohamed. «Nosotras -cuentan- nos preparamos las actividades en casa y así cuando llegamos aquí pasamos el mayor tiempo posible jugando con ellos. Hacemos muchas manualidades y de vez en cuando nos vamos a la calle a jugar con ellos; la semana que viene queremos llevarles un día a la piscina a comer y dentro de dos, haremos una gran fiesta de despedida del curso».
Los niños con edades comprendidas entre los 8 y 12 años conviven de forma tranquila y divertida. «En cada grupo hay unos diez niños y nunca hemos tenido problemas graves a pesar de que todos son de un país diferente; son niños y ellos no entran en grandes disputas», nos comenta Esther.
Apenas quedan dos semanas para que termine el curso y el principal interés de Mohamed es que esta iniciativa pueda continuar durante el invierno. «Nada me haría más ilusión», comenta con una amplia sonrisa.