Lunes, 28 de agosto de 2006
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Diversión para todos
La Asociación Amín acoge un año más sus talleres para niños inmigrantes
Los meses de verano se convierten para muchos padres en un verdadero problema para el cuidado de sus hijos. En la actualidad es bastante normal que el matrimonio trabaje y los niños malgasten su tiempo de descanso viendo la televisión o pasando las horas sin saber qué hacer en la calle. El problema es bastante común pero todavía se acentúa más cuando los padres no se encuentran en el país de origen y nada se parece a sus viejas costumbres. Los inmigrantes que vienen a La Rioja no son ajenos a esta situación y no saben, o mejor dicho no sabían, qué hacer con sus hijos durante este ansiado periodo estival.
Diversión para todos
Cuatro niños que participan en la guardería de Amín exhiben sus trabajos. /J. HERREROS
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En Logroño trabaja la asociación Amín, una entidad dedicada a la atención de los inmigrantes y que proporciona a los niños un lugar para jugar y disfrutar durante dos tardes a la semana. Muchas son las actividades que se realizan en esta especie de ludoteca improvisada que lleva ya tres años funcionando en la calle Torremuña.

Durante las mañanas y las tardes de los martes y de los jueves, dos voluntarias dedican parte de su tiempo a realizar actividades y ayudar a que estos niños pasen parte del día acompañados de mayores. «Lo mejor que tienen estos talleres es que conviven niños de diferentes razas y eso es lo que más nos gusta; es una maravilla ver a los niños disfrutar y divertirse». Mohamed, encargado de la Asociación, sabe que con poco los niños son felices. «No podemos contar -dice- con materiales de última generación ni cosas por el estilo, jugamos con lo básico. Unas pinturas, algunos puzzles y mucha imaginación, eso es lo que prima en esta asociación».

El principal objetivo de estos talleres, tal y como nos cuenta Mohamed, es que «los niños no pasen tanto tiempo en la calle. Hay veces que tienen que pasar mucho tiempo solos porque sus padres están trabajando y no tienen tiempo para cuidarlos. Es una verdadera pena ver a chiquillos tan pequeños pasar horas en las calles sin saber qué hacer».

Gran fiesta de despedida

Las monitoras, Esther y Soledad, son las encargadas de hacer realidad este gran proyecto de Mohamed. «Nosotras -cuentan- nos preparamos las actividades en casa y así cuando llegamos aquí pasamos el mayor tiempo posible jugando con ellos. Hacemos muchas manualidades y de vez en cuando nos vamos a la calle a jugar con ellos; la semana que viene queremos llevarles un día a la piscina a comer y dentro de dos, haremos una gran fiesta de despedida del curso».

Los niños con edades comprendidas entre los 8 y 12 años conviven de forma tranquila y divertida. «En cada grupo hay unos diez niños y nunca hemos tenido problemas graves a pesar de que todos son de un país diferente; son niños y ellos no entran en grandes disputas», nos comenta Esther.

Apenas quedan dos semanas para que termine el curso y el principal interés de Mohamed es que esta iniciativa pueda continuar durante el invierno. «Nada me haría más ilusión», comenta con una amplia sonrisa.



 
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