«Si no me suicidé fue por la familia»
Ocho riojanas están entre las cerca de 1.500 mujeres de toda España que han presentado demandas por los graves efectos secundarios del medicamento 'Agreal'
Rosa María acudió a su ginecólogo en el año 2002 con las molestias fisiológicas habituales para muchas de las mujeres que llegan a la menopausia -«sobre todo palpitaciones y sofocos», recuerda-. El doctor optó por recetarle 'Agreal'. Esta arnedana que por entonces tenía 55 años no podía imaginar que estaba asistiendo al comienzo de un periodo dramático de su vida que todavía no ha terminado.
«Tenía que tomar una pastilla al día durante veinte días, y luego estar diez de descanso. Al principio parecía que las cosas iban bien; las palpitaciones me desaparecieron pronto. Pero luego empecé a notar que me encontraba en un estado que no era normal, me sentía rara..., algo muy difícil de explicar».
El tiempo pasaba, las cajas de 'Agreal' se vaciaban una tras otra y esa sensación rara descrita por Rosa María se convirtió en síntomas más concretos y preocupantes: «Mucha ansiedad y como falta de ilusión por las cosas cotidianas». La paciente había caído en una depresión profunda.
«Yo no relacioné que lo que me estaba pasando podía tener algo que ver con las pastillas. De ninguna manera; ni se me pasó por la cabeza», cuenta Rosa María, pues entre los efectos secundarios que se le atribuían al medicamento no se citaba nada parecido. «No sabía lo que me estaba pasando, pero no tenía ganas de vivir. Sólo quería dormir para no tener que soportar esa angustia. Estuve a punto de... Bueno, lo que intento decir es que si no me suicidé es porque pensé en cómo se iba a quedar mi familia».
Los alarmantes problemas psicológicos de Rosa María iban acompañados de algunas complicaciones a nivel físico como dolores de estómago y aumento de peso. Estuvo cerca de año y medio consumiendo 'Agreal', hasta el día en que su ginecólogo decidió cambiarlo por 'Boltín'. A partir de ahí hubo «algo de mejoría, pero no he vuelto a ser la misma. Sigo tomando antidepresivos. Si un día dejo de tomarlos noto que recaigo».
La mujer fue consciente de que su caso no era algo aislado «gracias a los medios de comunicación». Oyó hablar de denuncias en muchos sitios de España y se puso en contacto de Fernando Osuna, el abogado sevillano que ha aglutinado los trámites de casi 1.500 demandas contra los laboratorios fabricantes del 'Agreal'. Ocho de estas demandas son riojanas.
«La Justicia tiene que hacer algo. No hablo sólo de indemnizaciones. Hay que castigar a esos laboratorios para que todos los demás se den cuenta de que no se puede sacar un medicamento al mercado si haberlo estudiado mucho antes. Nadie debería sufrir lo que he sufrido yo».