Los hechos ocurrieron entre las cinco y las cinco y cuarto de la tarde del domingo. La víctima y dos chicas sudamericanas navegaban, por las aguas del embalse, en una barca de pedales. Estaban fuera de la zona destinada a la práctica de actividades acuáticas, en una de las lenguas del pantano. El hombre, que al parecer no sabía nadar, se tiró al agua confiado. Las acompañantes no pudieron hacer nada para rescatarle, por lo que se dio aviso a los socorristas del Club Náutico 'El Rasillo'.
Más refuerzos
Poco después se personaron efectivos de la Guardia Civil, bomberos del SEIS y miembros de la Confederación Hidrográfica del Ebro y de Cruz Roja. Al caer la noche, sobre las nueve y media, se puso fin al rastreo. Las tareas se reanudaron a las nueve y media de la mañana de ayer. Poco después, el cadáver era localizado cerca de la orilla, pero en una parte de la presa muy alejada de la zona destinada al baño. La profundidad ahí es de unos siete u ocho metros. Sin embargo, el cuerpo apareció a unos cinco metros bajo la superficie.
A continuación, se procedió al levantamiento del cadáver, que fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Logroño, donde se le realizaría la autopsia. En el pantano no se presentaron ayer ni familiares ni amigos del fallecido.
El embalse González Lacasa no puede considerarse peligroso. Las declaraciones de los testigos apuntan a la imprudencia como causa de la desgracia. Responsables de las instalaciones señalan que «los fines de semana viene bastante gente. Algunos se tiran sin saber nadar. Porque flotar en una piscina no es nadar. O sabes nadar o no sabes».
Además, añaden que «las distancias engañan, los usuarios se confían y piensan que harán pie. La víctima estaba en un espacio sin visibilidad desde nuestro puesto y fuera de la zona de socorrismo acuático. Además, allí cubría demasiado». «Hacía frío y mucho viento y no había nadie bañándose. Nos faltaron 30 ó 40 segundos para llegar a tiempo», concluyen las mismas fuentes.