-¿Qué explica, a su juicio, estos resultados tan pobres?
-Pese a lo que diga el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, que habla de incrementos del 40% en los contratos fijos, La Rioja registró en julio, primer mes desde la entrada en vigor de la reforma laboral, el porcentaje más bajo del año en contratación indefinida. Creo que esto obedece a que los empresarios siguen acomodados en la temporalidad y en la rotación, en lugar de en la transformación de empleos estables.
-Entonces, ¿en qué se quedan los acuerdos suscritos?
-Es que éste es un problema más importante que el de firmar unos acuerdos. Es cierto que la reforma va a contribuir a que haya empresarios que transformen, pero hay un montón de empresas instaladas en que la rotación y la temporalidad deben ser elementos de sus contrataciones. Y ahí es dónde hay que ver cómo actuamos. Es una responsabilidad de la Inspección de Trabajo, a través de los controles, y de los propios trabajadores y de los comités de empresa, a los que hay que decir que tienen que tomarse esta cuestión más en serio y deben empezar a reclamar, porque hay gente que encadena hasta ocho años de contratos.
-No obstante, las cifras corresponden a un único mes. Así que parece lógico esperar a ver cuál es la evolución en adelante.
-Sí, pero el recorrido principal de la reforma se tiene que producir en lo que queda de año, transformando los contratos temporales que existen en este momento.
-¿Qué le falta entonces a la reforma para ser más efectiva?
-Al margen de la mayor conexión entre trabajadores, sindicatos y comités, la Inspección debe actuar con más contundencia, no sancionando, pero sí obligando a acabar con las situaciones fraudulentas. Y la Inspección necesita más recursos en La Rioja.