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PREMIOS GOYA 2013 | MEJOR DIRECTOR

Pablo Berger, el cuentista paciente

Las 18 candidaturas de ‘Blancanieves’ auguran que la noche de los Goya será la gran noche de este cineasta, un tipo modesto, calmado y más listo que el hambre

07.02.13 - 21:37 -
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Pablo Berger, el cuentista paciente
El director de 'Blancanieves', Pablo Berger. / Archivo

Dos largometrajes en 25 años de carrera indican que Pablo Berger (Bilbao, 1964) se toma las cosas con calma. La paciencia le viene de lejos. Cuando estudiaba Informática en la Universidad de Deusto no se perdía el Festival de San Sebastián. Dormía en pensiones y veía cinco películas al día. Eran tiempos de juergas salvajes en el Bilbao gris y punki de los 80. Berger encontró en el cineclub de Deusto a otro cinéfilo enfermizo, delgadito y con pinta de empollón: Álex de la Iglesia. Juntos devoraron cientos de películas: en sus casas, en el Museo de Bellas Artes, en las salas de barrio que por entonces poblaban Bilbao... Hasta que se animaron a rodar un corto.

‘Mama’ (1988) permanece como un delirio de proporciones míticas, capaz de congraciar las historietas de Vuillemin, las invasiones extraterrestres y la figura de Torrebruno. Berger lo dirigió y De la Iglesia se encargó de los decorados. Fue el primer aldabonazo de una nueva generación de cineastas amamantados en el cómic, la televisión y el cine sin prejuicios. Hablaban un nuevo lenguaje. Nuestro hombre descubrió que buena parte de los directores que le gustaban -Scorsese, los Coen...- se habían formado en la Universidad de Nueva York. Escribió y le enviaron el folleto de un máster de dirección de cine.

El precio del curso y la avalancha de solicitudes para tan pocas plazas convertían en un sueño la aventura americana. Berger se arriesgó y ganó. Consiguió una beca de la Diputación de Bizkaia, abandonó su trabajo en Arthur Andersen y se marchó a Nueva York, donde vivió los años siguientes y conoció a su mujer, la fotógrafa y cineasta de origen japonés Yuko Harami. No supimos nada de él hasta que, hace diez años, ‘Torremolinos 73’, deslumbró a la crítica mundial. "Una gozosa celebración del sexo y la cinematografía", alabó el ‘New York Times’. ‘Torremolinos 73’ conserva el color desvaído de las fotografías familiares de veraneo en el Mediterráneo. Santiago Segura cuenta que estuvo a punto de rodar ‘Torrente 2’ en la ciudad epítome del kitsch en la Costa del Sol. Se le adelantó Berger, que, más allá de homenajear al landismo, bordó un divertidísimo y emotivo canto de amor al cine.

Los hoteles de ‘Torremolinos 73’ destilan la misma frialdad y tristeza que el balneario fuera de temporada de ‘Whisky’. Caparazón de Ozores y corazón de Kaurismaki. Berger hace sonar el ‘Eres tú’ de Mocedades y viste a Javier Cámara y Candela Peña con tergal y pata de elefante. Pero agria el almíbar de ‘Cuéntame’. Alentado por su jefe, un vendedor de enciclopedias rueda pornos caseros con su mujer, con la excusa de una enciclopedia audiovisual sobre la reproducción. Ella se convertirá en estrella del género en Escandinavia; él acabará creyéndose un Bergman del cine X.

En realidad, ‘Torremolinos 73’ puede verse como una variación de ‘El verdugo’: el sistema obliga al individuo a hacer algo que no quiere, sólo que el garrote vil se sustituye por una cámara de Super-8. El director bilbaíno aborda el deseo de tener un hijo, la sumisión laboral y el veneno de rodar. "Un mazazo al machismo español", sancionó Andrew Sarris, pope de la crítica estadounidense. Hasta se hizo un ‘remake’ en China, ‘Two Stupid Eggs’, que fue la película más vista en el país en 2007.

Durante la promoción internacional de ‘Torremolinos 73’, Berger empezó a escribir el guion de una adaptación de ‘Blancanieves’. Muda y en blanco y negro, cuando ‘The Artist’ todavía no era un proyecto. El mejor ejercicio creativo del realizador ha sido contarle a su hija un cuento diferente cada noche a partir de tres palabras que ella le decía. ‘Blancanieves’ no era una película barata. Había que reproducir la Andalucía de los años 20. La heroína del cuento es la hija repudiada de un torero; su castillo es un cortijo andaluz; lo enanitos, feriantes de carromato; la villana, la viuda del diestro, que le ofrecerá la manzana emponzoñada en una plaza de toros.

En definitiva, otra vuelta de tuerca a los clichés de lo hispano por alguien que no se considera taurino ni flamenco y que siempre ha primado el lenguaje visual sobre la palabra. Las 18 candidaturas de ‘Blancanieves’ auguran que la noche de los Goya será la gran noche de Pablo Berger, un tipo modesto, calmado y más listo que el hambre, que durante estos años ha pagado las facturas dando clases de cine en la New York Film Academy. "Talento no sé si tengo, pero tesón... Mis dos películas son actos de amor, hijos deseados".

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