Abadía de Cañas, en otra dimensión

Abadía de Cañas, en otra dimensión
Félix Domínguez

Una ruta teatralizada muestra el monasterio cisterciense a través de algunos de los personajes que labraron su historia

FÉLIX DOMÍNGUEZ

Con menos renombre que los otros tres grandes monasterios riojanos, el de San Millán de la Cogolla por ser cuna del castellano; el de Santa María la Real, cuna y sepulcro de reyes; y el de Valvanera por acoger a la patrona riojana, el monasterio de Santa María de San Salvador de Cañas, también conocido como abadía de Cañas, no deja de ser una de las grandes maravillas del patrimonio histórico artístico de La Rioja.

A diferencia de los citados, al estar situado en medio de una gran llanura, el monasterio permite una contemplación en perspectiva que tal vez no tengan los otros. Entre viñedos -en otoño se convierte en una amalgama de colores- y con la sierra de la Demanda y el pico de San Lorenzo como telón de fondo, su observación desde el exterior ya sirve para justificar un viaje a esta pequeña localidad y sus alrededores.

Adentrarse en él supone ya el disponerse a disfrutar de un sinfín de detalles que bien vale la pena aprovechar. Pero, en estas fechas y por mor de la programación de actividades de la Fundación San Millán, la visita a la abadía que habita y regenta la comunidad de monjas cistercienses o madres bernardas, desde su fundación en el siglo XIII, adquiere una nueva dimensión.

Diversos personajes relacionados con la historia de la abadía, guían a los visitantes

Son dos actores del grupo teatral Sapo Producciones, Gemma Viguera y Martín Nalda, los que se ocupan de guiar a los visitantes, transformados en varios personajes que, durante siglos, labraron la historia del cenobio. Así, los visitantes que acudan los días 28 y 29 de abril o el 1 de mayo, a las 12.30 horas serán recibidos por Doña Aldonza, quien recién enviudada de Don Lope Díaz de Haro, Señor de Vizcaya, decide ingresar junto a sus hijas en el monasterio y de esa forma retirarse del mundo al que hasta entonces había pertenecido, el de la nobleza.

La visita

visitas teatralizadas
Días 28 y 29 de abril y 1 de mayo, a las 12.30 horas
tarifa única
Tarifa única 6 euros
inscripción y reservas
www.emilianensis.com

Cabe señalar, que Don Lope y su esposa fueron los que donaron en el año 1170 las villas de Cañas y Canillas a las monjas cistercienses del monasterio de Hayuela (Santo Domingo de la Calzada) para que fundaran una abadía. La construcción del mismo tuvo tres etapas claramente diferenciadas. La románica, de la que apenas quedan vestigios; la gótica, que correspondería a parte de la iglesia y sala capitular, fechadas en la segunda mitad del siglo XIII; y la posterior al siglo XVI en la que se continúa la construcción de la nave central, quedando las dos laterales inconclusas.

Volviendo a la representación, Doña Aldonza que mantiene en sus brazos a su hija María Urraquita y está acompañada de su sirviente, Cisilo, recibe las condolencias de los visitantes y éstos, gracias a la magia teatral, pasan a situarse 56 años más adelante y ha reencontrase con el sirviente, ya anciano, quien les narrará las vicisitudes acaecidas durante ese periodo pasado, un tanto complicado, incluyendo en su relato la boda de una de las hijas de doña Aldonza con el rey de León.

Arriba, Doña Aldonza, con su hija María Urraquita en brazos recibe a los visitantes. A la izquierda Cisiilo anciano. Él les recordará las vicisitudes vividas por el monasterio. :: / S.P.

Más adelante, doña Urraca, la pequeña a la que conocieron en brazos de su madre, se ha convertido en abadesa del monasterio y les relatará los cambios que tiene proyectados y el momento de esplendor que vive el lugar, desarrollándose el relato por el claustro, otra de las joyas arquitectónicas del lugar.

El claustro

De planta cuadrada con dos alturas, la baja cuenta con una galería cerrada por arcos de medio punto enrejados. La alta tiene sus arcos cegados pero con un cristal en el centro de cada uno de ellos. En el centro del patio, se encuentra una cruz rodeada de un jardín, al que se accede por pasillos desde las cuatro galerías.

Doña Urraca. La cuarta abadesa de Cañas, hija de Don Diego Lope de Haro. :
Doña Urraca. La cuarta abadesa de Cañas, hija de Don Diego Lope de Haro. : / S.P.

Desde ahí, los visitantes podrán dar otro nuevo saltó hacia delante en el tiempo, plantándose en el año 1941, en el que un ciclón destruye parte del monasterio, momento que podrán revivir junto al párroco de la época. Él les acompañará a contemplar el sepulcro de la Beata Doña Urraca, a quien han conocido antes, y que está situado en la Sala Capitular.

Esta posee una portada de singularidad belleza, con sus tres arcos apuntados que están decorados con motivos vegetales. En su interior destaca el sepulcro de estilo gótico de comienzos del siglo XIV de doña Urraca López de Haro, hija de los fundadores que vistió los hábitos desde muy joven, llegando a ser la cuarta abadesa de la comunidad de madres bernardas.

La sala de reliquias

La abadía de Cañas cuenta entre sus muchos atractivos, una sala de reliquias que dispone de cuatro grupos de colecciones que van desde el año de la fundación del monasterio hasta el siglo XX, Entre las numerosas piezas sobresale una caja hispano musulmana de los siglos XI yXII de procedencia cordobesa.

Además, están las herraduras del caballo de Santiago Apóstol, que recogería Diego López II de Haro en la batalla de las Navas deTolosa y entregaría a su hermana la beata Doña Urraca. También hay varias calaveras de alguna de las once mil vírgenes, un trozo de la cruz de Cristo o Lignum Crucis, las reliquias de los mártires de Cardeña de 1609 y la de Santa Engracia de Zaragoza fechada en 1694. Los visitantes también deben saber, que la comunidad de monjas cistercienses que habitan la Abadía, se dedican al trabajo manual y a la oración (ora et labora), y decoran porcelana, elaboran dulces, confeccionan rosarios y disponen de una pequeña hospedería.

Los primeros artículos, junto a otros recuerdos, se pueden adquirir en el propio monasterio.

La visita concluye conociendo el ábside, responsable de la gran luminosidad de la iglesia gracias a sus grandes ventanales de alabastro, que conmueven al visitante tanto desde el interior como observándolos desde fuera.

En la iglesias también se puede admirar el gran retablo renacentista obra de Andrés de Melgar y Guillén de Holanda, que fue mandado construir por la abadesa doña Leonor de Osorio hacia 1523 a modo de tríptico y cuya temática está basada esencialmente en María, desde su nacimiento hasta su muerte.

Allí, delante del ábside, una aparición celestial se ocupa de despedir a los visitantes que, a buen seguro, habrán pasado un rato muy ameno y hasta divertido con los personajes y sus historias.

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