Vidas a la intemperie

JORGE ALACID

El lector puede abandonarse a la tentación de imaginar a la autora de 'Invierno' construyendo la carpintería de su novela sin apenas esfuerzo: tal es la poderosa sensación de fluidez que emana de estas páginas, donde la prosa brota con la naturalidad propia de quien parece llevar toda su carrera entregando a la imprenta artefactos tan deslumbrantes como éste. Pero será una sensación equívoca. Elvira Valgañón ingresa por el contrario como el resto de sus criaturas en un paisaje inhóspito, desbordante de nieve. Avanza como el salmón hasta hacer cumbre, dejando ese aroma contradictorio que perfuma cada párrafo.

Contradicción y paradoja. Porque 'Invierno' introduce una idea de confort permeada por la idea opuesta, el espíritu del desasosiego. Su voz, el elemento más atractivo de toda la novela, es por supuesto una voz reconocible, inscrita en la estirpe de quienes le precedieron creando mundos de fantasía en medio del páramo. De la España vacía se ocuparon antes autores tan distinguidos como Miguel Delibes, referencia ineludible, pero algo en su prosa y su mirada recuerdan también a la Adelaida García Morales de 'El Sur'. Una mirada piadosa y compasiva hacia sus personajes, otro de los indiscutibles aciertos de Valgañón. Cuya voz no es sólo una voz amiga. Es también desconcertante. Prepara al lector para la sorpresa que acecha entre los meandros de cada capítulo, porque lo va conduciendo sutil a través de un camino conocido (ese tono de cuento de hadas de sus episodios) antes de arrancarle un sobresaltado suspiro.

Más tentaciones: leer 'Invierno' cazando referencias. Se ha citado a Delibes y a García Morales, porque retrataron con ajustada fineza y sobresaliente altura los entresijos de la vida rural, improbable Arcadia cuyo territorio se extiende por los confines de la nostalgia. Es una región donde la novela evita ingresar: prefiere delimitar sus contornos profundizando en la noción triunfante en cada página, la orfandad emocional que asiste a los personajes y alumbra sus avatares. El desierto emocional que golpea a los personajes principales y también los secundarios, cuyas vidas oscilan entre dos polos igual de atractivos: son presencias carnosas, dotadas de una viva materialidad, pero al mismo tiempo apuntan hacia lo fantasmagórico, lo irreal. Evocaciones enriquecidas por un halo misterioso: los secretos custodiados que se transmiten de generación a generación. El peso del pasado como otro de los grandes temas de la literatura, la clase de literatura donde tan decisivo resulta lo que se exhibe ante el lector como aquello que se le hurta: el tipo de narraciones que destilan autoras como Alice Munro se hace entonces visible, cubre con su manto invernal el conjunto de la trama y ayuda a entender la idea central de la novela: una suerte de violencia soterrada. Inminente, expectante. Que sólo a veces estalla pero siempre late detrás de tanta emoción contenida y a menudo deja un reguero de sangre para explicar lo inexplicable. El misterio de la vida cuando se ejecuta a la intemperie. En medio del frío invierno, Valgañón sale vencedora de su aventura. Regresa a la mesa de su escritorio para contar lo que han visto sus ojos entrecerrados. Las ficciones que acompañan nuestros pasos.

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