Una vuelta por Oslo

Una vuelta por Oslo

La capital escandinava ofrece al visitante museos de toda índole y paseos para contemplar la síntesis entre arquitectura moderna y tradicional

JUAN JOSÉ SOTILLOS

Con cerca de 650.000 habitantes que representan un 12% de la población total de Noruega, Oslo, capital desde 1814, además de ser la más grande del país, es la más poblada y con el mayor crecimiento de Europa, siendo el centro económico, cultural, y político y la sede del Gobierno y el Parlamento.

Si llega al aeropuerto de Gandermoen, situado a unos 50 kms. al norte de Oslo, tiene varias opciones para acercarse al centro. El consabido taxi, la más cara, el autobús (www.flybussen.no) y un relámpago viaje en tren de algo menos de 30 minutos. Dicen que es el tren a y desde el aeropuerto más rápido del mundo (210 kms/h). Fue el medio que nosotros utilizamos (unos 20 euros por trayecto). Te deja en el mismo centro. Sin duda una buena opción (www.flytoget.no).

Para ubicarse en la ciudad puede visitar la magnífica web que tiene su departamento de turismo (www.visitoslo.com/es), la guía oficial de viajes de Oslo, también en castellano, donde podrá adquirir, si le conviene, el ‘Oslo Pass’ con acceso gratuito al transporte público y entradas a diferentes lugares y descuentos en algunos establecimientos.

Oslo ofrece todo tipo de excursiones turísticas en bus, ferry, a pie, en bici…, por la ciudad, por sus numerosos parques, por los alrededores. Planificarse bien su tiempo es importante a la hora de estrujar más su estancia en la capital noruega. Habitualmente, cuando llego a una ciudad que no conozco, ubico mi situación en el plano (en papel) y a partir de ahí confecciono mis itinerarios. Salimos ya definitivamente a dar una vuelta por Oslo. Empezaremos por el centro. La magnífica calle Karl Johans, como arteria principal, atraviesa diferentes puntos de interés, empezando por el Palacio Real, emplazado en el parque Slottsparken. El edificio, que data de 1825, se construyó bajo el reinado de Carlos III y fue terminado en 1849, cinco años después de la muerte de éste, ocupándolo en primera estancia su hijo Oscar I y la mujer de éste, Josefina. Está emplazado en lo más alto de este parque con grandes árboles y algún estanque, siendo un palacio muy cercano al público. Bajaremos por Karl Johans, donde podremos admirar los edificios de la Universidad de Oslo, el Teatro Nacional, Stortinget (el Parlamento de 1866), la catedral de Oslo Domkirken, de 1697, hasta llegar al gran edificio de la estación del tren y desviándonos hacia el mar, alcanzar la gran Opera House, un gran edificio modernista inaugurado en 2008 que ha hecho revalorizar la zona del muelle en un ambicioso proyecto que culminará en 2020. Resulta fascinante subirse al tejado por las pendientes fachadas y contemplar la vista desde arriba, donde podemos observar flotando en el agua la ‘She Lies’, una escultura de Mónica Bonvicini que representa, en estado tridimensional con acero y cristal como materiales, el cuadro pintado en 1823 por Caspar David Friedrich, ‘El mar de hielo’.

Oslo sin duda está viviendo una modernización ejemplar. Los nuevos edificios que se están construyendo conviven con discreción con su más absoluta arquitectura de otros tiempos. Comparen sino el antiguo y sobrio edificio del Ayuntamiento de Oslo, donde desde 1990 anualmente se entrega el Premio Nobel de la Paz y nombrado en 2005 como la estructura del siglo, con el modernista y cúbico que ubica la ópera y el ballet de Noruega. Se recomienda la visita a la Galería Nacional, Nasjonalgalleriet, donde se alberga la mayor colección de arte noruego, además de una gran representación del arte europeo. Si el museo del Louvre es la Gioconda, al museo de Oslo es ‘El Grito’, uno de los cuadros más emblemáticos del arte noruego del pintor Edvard Munch.

No está de más darse un respiro y tomar o comer algo en cualquiera de los numerosos restaurantes que, a pesar del frío, también sirven en sus terrazas en la totalmente renovada zona de Akerbrigge, donde se puede dar un estupendo paseo y culminar hacia el mar viendo el impresionante edificio que alberga el Museo de Arte Modeno, Astrup Fearnley.

Al final del paseo es interesante llegar hasta Nobel Fredssenter, o Nobel Pace Center, un museo que contiene la vida del Premio Nobel de la Paz. Paradojas de la vida, el inventor de la dinamita, el sueco Alfred Nobel, fue el fundador del premio que lleva su nombre que instituyó en 1895 cuando dejó escrito en su testamento que los intereses producidos por su gran fortuna se diesen cada año: «a quienes durante el año anterior hayan brindado el mayor beneficio a la humanidad». Si los demás premios Nobel se conceden en Estocolmo, el de la Paz está reservado a Oslo, recayendo este año en la coalición ICAN, Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares.

No faltan museos en Oslo y podrá visitar muchos más relacionados con el arte, la literatura, la historia, el deporte, la exploración o la paz. Como tampoco faltan paseos por una capital llena de recovecos a cada cual más interesante. Por ejemplo, otra idea es hacer el recorrido para conocer y explorar el castillo y la fortaleza de Akershus que domina la entrada a Oslo por el mar.

Parque de G. Vigelands

No me hubiera gustado irme de Oslo sin pasear por el magnífico Vigeland Park en la misma ciudad, diseñado y construido por el escultor Gustav Vigeland (Mandal-Noruega 1869-1942). Un total de 212 espectaculares esculturas -le podrán gustar o no, pero son eso, espectaculares-, de granito y bronce. En Frognerpaken se encuentra este museo al aire libre que sin duda merece la pena recorrer y observar de cerca esta magníficas y grandes esculturas, de las que destaca el monolito de 14 metros esculpido a partir de una gran columna de piedra que representa 121 figuras humanas que pisoteándose entre ellas tratando de alcanzar el punto más alto. Otra figura muy famosa de él es la del niño malhumorado. Sin duda, visita obligada.

Y también en las afueras de Oslo se puede visitar el complejo deportivo que alberga el museo del esquí, y en lo alto de la montaña el famoso trampolín de saltos de Holmenkollen, del que, aprovechando la visita, es posible obtener una magnífica vista de Oslo. Les decía antes que en Oslo hay museos para todos los gustos. Sin duda otro grande es el Centro de Arte Henie-Onstad, un museo privado con exquisitas obras de Joan Miró y Pablo Picasso entre otras de pintores expresionistas, abstractos, impresionistas y de arte moderno noruego.

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