Ledesma, un pueblo salmantino parado en el tiempo

Ledesma, un pueblo salmantino parado en el tiempo

A orillas del río Tormes, se levanta uno de los municipios más bonitos de España, cargado de patrimonio e historia

ÁLVARO ROMERO

La singular villa de Ledesma se hace un hueco al norte de la provincia de Salamanca, afianzándose como el núcleo de población más importante de la zona y lindando con la comarca zamorana de Sayago. El río Tormes acaricia el casco urbano dejando a su paso una estampa cargada de belleza y contribuyendo de manera decisiva al desarrollo del importante entorno natural que rodea el municipio.

Los primeros asentamientos datan de la época prehistórica pues, la situación estratégica de la zona permitía controlar el entorno y disfrutar de campos fértiles. Posteriormente serían los romanos quienes verían allí el lugar perfecto para instalarse y explotar sus tierras, dejando un importante legado histórico visible a día de hoy en construcciones como el Puente Mocho o el de Peñaserracín.

Tras ellos llegaron los musulmanes y más tarde la reconquista cristiana y la repoblación definitiva de la comarca. Se construyó la muralla y la villa comenzó a crecer económicamente, alcanzando su etapa de mayor esplendor. Pasó a ser un importante centro político y enclave geográfico estratégico para el comercio y las relaciones entre las tierras leonesas.

El valor del conjunto

Ledesma ofrece al visitante una estampa pocas veces vista, tanto exterior como interiormente el pueblo incita a ser fotografiado. Su belleza no pasa desapercibida y le valió para ser declarado Bien de Interés Cultural y Conjunto Histórico. Además recientemente ha pasado a formar parte de la red de Los Pueblos más Bonitos de España.

Asimismo, cuatro de sus enclaves también fueron declarados Bien de Interés Cultural : la iglesia de Santa María la Mayor, el Puente Mocho y calzada romana, la iglesia románica de Santa Elena y la Fortaleza de Ledesma. La riqueza patrimonial de la localidad es incalculable y el conjunto de todos ellos es su máximo valor.

Ledesma transporta a tiempos remotos, dejando volar la imaginación entre muros de piedra que respiran historia y vieron librar mil batallas. En el entramado de callejuelas, plazoletas y rincones escondidos aparecen palacios, casonas e iglesias, todos ellos protegidos por una espectacular muralla de piedra levantada durante el siglo XII, en tiempos de Fernando II de León. La única puerta que sigue en pie es la de San Nicolás.

El recinto amurallado culmina en el Castillo de Ledesma, cuyo mayor atractivo es el patio de armas, construido entre los siglos XIII y XIV.

Arquitectura religiosa y civil

Ledesma ofrece lo mejor de la arquitectura religiosa y la civil. La primera de ellas muestra su mejor ejemplo con la Iglesia de Santa María la Mayor, una de las joyas salmantinas del gótico hispano- flamenco. Completan la muestra la Iglesia de Santa Elena y la de San Miguel.

La segunda destaca por la sobriedad de sus formas, ejemplificadas en casonas y palacios posteriores al siglo XV. Merece la pena destacar la Casa Consistorial y el Hospital de San José, levantado en el año 1721. Los cuatro puentes que salvan el cauce del Tormes: el Puente Nuevo, el Viejo, el Mocho y el de Peñaserracín rematan la visita a un pueblo con la capacidad de seducir.

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