TIEMPO VARIABLE

MANUEL ALCÁNTARA

Sigue siendo necesario cambiar de opinión si se desea pertenecer al mismo partido o de partido si se aspira a mantener la misma opinión. En vista de eso y de lo que queda por ver, Madrid ha sido una fiesta. Cada uno debe ser quien quiera ser, porque antes no le dejaban ser quien era, vulnerando el exigente eslogan griego que motivaba a cada uno a ser quien era.

Madrid ha sido una fiesta. Quizá un poco exagerada, de la libertad, pero hay que tener en cuenta que la homosexualidad sigue estando perseguida y lo que es peor, criminalizada, en 72 países del mundo ancho y ajeno. En ocho naciones se castiga con la pena de muerte las relaciones sexuales, que siempre son una manera de conocer gente, entre personas del mismo sexo. En Rusia, yendo más lejos, sigue imperando la homofobia y hay un clima sinceramente adverso hacia la comunidad gay, con la excusa de la protección de los menores.

Eso de oponerse a la realidad es un esfuerzo baldío. Vivir es adaptarse a las circunstancias, porque si no variamos las que varían son ellas. Estas cuestiones, de cintura para abajo, nos ocupan más tiempo que la eutanasia, cuya legislación es cada día más urgente, y como el 'Brexit', que dejará a la Unión Europea sin 11.000 millones de euros al año. Aquí no vamos a caber, eso está claro. Malthus, el clérigo que pronosticó la sobreproblación, fue repudiado por la Iglesia, pero tenía más razón que un santo.

La canciller Merkel ha vuelto a decir que para ella, el matrimonio es de un hombre y una mujer. La acusan de ser una señora antigua y quizá tengan razón. Eso era antes, pero sólo después de las guerras se protege a las familias numerosas. Son una selección inversa. Se van los más aptos y siguen los que ya no sirven para nada salvo para hacer bulto, y somos muchos.

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