Rayo McQueen vuelve a la pista en una tercera entrega madura y trepidante

Rayo McQueen y su nueva cómplice, Cruz Ramírez.

Vuelve Rayo McQueen, ese coche rojo intrépido y juguetón que terminó de catapultar a la fama a los estudios Pixar, revolucionarios en el cine de animación para un público masivo. Absorbidos por la todopoderosa Disney, a la que insuflaron energía y dividendos, los papás de 'Toy Story' exprimen una de sus franquicias estrella, para muchos la más floja, aunque su titubeo creativo se ve recompensado por una cantidad ingente de merchandising, lo que significa igualmente llenarse los bolsillos. Los cochecitos con boca y ojos venden muñecos a mansalva. Son los reyes del 'happy meal' y no se miran únicamente en la taquilla a la hora de recaudar fondos. La saga automovilística retoma su periplo para reactivar la venta de juguetes y visita la cartelera con una esperada tercera parte que sigue las pautas habituales de Pixar, con un guion que piensa más allá del público infantil, el secreto de su buena acogida.

'Cars 3' es, curiosamente, la propuesta más sólida de la trilogía, con un personaje femenino que resulta indispensable en la trama. Tras haber ganado varias veces la Copa Pistón, convertido en una auténtica celebridad mundial, Rayo McQueen es ensombrecido por una nueva generación de coches de carrera mucho mejor equipados. Lejos de rendirse, pelea por el trono, demostrando su valía, en una historia trepidante que deviene más emotiva que sus predecesoras. De hecho, puede afirmarse que la franquicia ha alcanzado su madurez, sin olvidarse del entretenimiento.

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