'Perfectos desconocidos' se ríe de la fidelidad en la pareja

Cuántas infidelidades se descubren por culpa del móvil? Un mensaje no borrado, unas fotos comprometedoras o una llamada a destiempo están en el origen de muchas separaciones. Nuestra intimidad, nuestra vida entera, está contenida en el teléfono, convertido ya en un apéndice más de nuestro cuerpo. El punto de partida de 'Perfectos desconocidos' no puede resultar más atrayente: ¿qué sucedería si en una cena con amigos los comensales juegan a leer en voz alta todos los mensajes que reciben y contestan las llamadas con el altavoz?

El primer 'remake' en la filmografía de Álex de la Iglesia adapta una comedia italiana y reúne a un grupo de actores con los que el director bilbaíno -a excepción de Pepón Nieto- no había trabajado. La brillantez del guion y el dinamismo en la planificación logran que la hora y media de metraje transcurra como un tiro, sin que se respire una brizna de aroma teatral, a pesar que casi toda la acción transcurra en el comedor de una casa burguesa. El autor de 'El día de la Bestia' dota de vida a unos personajes que no caen en el estereotipo. Hay dos matrimonios hastiados, una pareja recién formada y un solitario que ha venido sin su novia, pero que revelará un secreto a lo largo de la velada. Algunos se ponen los cuernos, sí, pero el enredo va más allá del mero vodevil de infidelidades.

'Perfectos desconocidos' logra carcajadas de buena ley gracias a sus agudas observaciones sobre el machismo, la maternidad y la dependencia a la tecnología. De la Iglesia lleva el agua a su molino e introduce un elemento fantástico con la forma de un eclipse de luna sanguinolenta. Descubre la vis cómica de Ernesto Alterio -sublime en su rol de cínico adúltero- y solo pincha en el tramo final, cuando un desenlace con ecos del de 'Los Serrano' (hasta está Belén Rueda), impuesto sin duda por los productores de Telecinco, dulcifica esta mirada agria y divertidísima sobre la amistad y las relaciones de pareja.

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