Paseo sin destino por la gran ciudad

LUIS ÁNGEL ADÁN LEÓN

No sé si es la edad, me temo que sí, pero empiezo a estar rodeado de gente que anda. Antes lo era de cuarentones que corrían, ahora de cincuentones que caminan a marchas forzadas hacia destinos desconocidos. Los árboles se bambolean por la fuerza de marcha y sus rostros concentrados no invitan a decirles nada. Me temo que este libro es todo lo contrario. El tipo de paseo que nos plantea Muñoz Molina como columna vertebral de esta no novela nace de Los Flaneurs: los deambulantes urbanitas que hicieron un arte de sus paseos sin destino por las grandes metrópolis de la modernidad.

En su último trabajo hace obra de arte de su caminar y de su manía de coleccionar los eslóganes publicitarios y los miles de papeles de anuncios que se encuentra en sus paseos por Madrid, al compaginarlos con las reflexiones que su deambular por la ciudad le producen.

Al mismo tiempo, ha ido componiendo collages con los recortes que ha recopilado durante sus vagabundeos y que incluye en el libro. La experiencia que le permitió dar forma a todo ese totum revolutum fue una larguísima caminata desde el sur de Manhattan, siguiendo Broadway, hasta acabar en el norte de la isla, en el Bronx, en la casa en la que vivió Edgar Allan Poe, que entonces estaba en medio del campo.

En el libro supone la segunda parte, que viene a ser la gran despedida de la ciudad en la que ha vivido bastantes años y en la que no ha dejado huella que, según Walter Benjamin, es lo que da sentido a nuestra experiencia urbanita.

La primera, y el bloque principal del texto, son las reflexiones que le produce su deambular por Madrid, que mezcla con las experiencias de los grandes flaneurs: Baudelaire (el inventor), Poe, Thomas de Quincey, Walter Benjamin y Pessoa. Entre ellos repasan las ciudades de la modernidad en las que él también deambula: París y Londres; Lisboa y Nueva York.

El resultado de ese vagabundeo es más bien desolador y desasosegante pero tiene esa falta de pretenciosidad que le caracteriza.

Durante toda la lectura tenía en mente la inquina que determinados medios y personas le tienen y que se ha dejado ver con la aparición de este libro. Es natural dada su trayectoria. Ha pasado de ser un funcionario currito a Premio de la crítica, Premio Planeta, académico de la lengua, director del Cervantes de Nueva York, Premio Cervantes y muchas otras cosas más. En general las críticas le vienen por la poca originalidad del planteamiento.

Pero sí hay que reconocer que no es una obra revolucionaria, pues afronta los sentimientos personales y sociales que su experiencia le produce lejos de la comodidad.

Él escribe de esta manera porque vive de esta manera totalmente dedicada a la literatura y la vida. No se puede negar que el aparente caos de su aventura es falso porque todo está bien medido, a pesar de que sea fruto de los azares.

El más melancólico, una oda a la artesanía, es el momento en que al cruzar la aduana para dejar NY le detienen porque el detector de metales delata que lleva una sacapuntas y unas tijeras para papel con los que ha compuesto el libro. Elegía por los tiempos que nos toca vivir.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos