Una novela sobre personas más allá de las fronteras

LUIS ÁNGEL ADÁN LEÓN

Me gustaría dejar constancia de que he adelantado la lectura de este libro por causa del estreñimiento catalán que me temo que todos tenemos estos días. Víctor del Árbol reúne en su persona lo mejor de esa tierra. Es hijo de extremeños emigrados a Cataluña y educado allí. El mayor de muchos hermanos buscó trabajo en el funcionariado y se hizo mosso d'esquadra. Ejerció como tal durante veinte años hasta que decidió colgar el uniforme y dedicarse a escribir.

No le ha ido mal, sobre todo en Francia, donde le han nombrado caballero de las letras francesas y aquí, donde ha ganado el Nadal.

Esta novela está escrita fuera del paraguas protector de la novela negra, en donde ha desarrollado la mayoría de su trayectoria, para tocar multitud de temas con una trama policial muy de fondo.

La novela no pasa más que lateralmente por Cataluña, pese a moverse de arriba abajo por Europa. Concretamente, de Tarifa a Malmö.

Si tratamos de contar lo que en ella ocurre puede parecer un melodrama viajero aderezado por todos los tópicos de la historia española de la postguerra hasta hoy.

Pero lo que la hace una novela notable es su magnífico pulso narrativo. Término que vale para todo y para nada, pero que podríamos definir como la capacidad de enganchar al lector en los vericuetos sentimentales de los protagonistas gracias a la fluidez narrativa del autor.

No utiliza un lenguaje demasiado elaborado ni sugerente, pero es capaz de deslizarse por párrafos interminables y que le sigas sin problemas.

Partiendo de una pareja imposible, una aristócrata inglesa y un director de banco de orígenes humildes, que se encuentran en una residencia de ancianos en Tarifa a la espera de un final para unas vidas nunca consumadas del todo, se mueve viajando por toda Europa hasta acabar con una familia de emigrados marroquís en Suecia.

El autor viaja por el Tánger dorado, la Inglaterra de mansiones campestres, el Valle de los Caídos y la Suecia actual, en la que triunfa el racismo con fluidez.

Siguiendo a unos personajes que pueden parecer tópicos: soldados marroquíes del ejército de Franco, aristócratas inglesas insatisfechas, represaliados republicanos en el Valle de los Caídos, directores de banco de carrera impoluta, o neonazis suecos, sabe engatusarnos para que les sigamos hasta un final en el que, aunque parezca imposible, todo cuadra con justicia poética.

Por eso he querido reseñarlo, porque es un libro de personas y sentimientos a los que no les afectan ni las naciones ni las fronteras.

Decía el autor en la presentación del libro que la palabra equidistante, que le aplican a él, se había convertido en un adjetivo peyorativo en estos aciagos días que nos ha tocado vivir.

Y hablaba de que cuando se acabe el ruido triunfará la sensatez. Yo lo dudo, pero me alegro de que existan personas como él a las que les importan más los individuos que las naciones.

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