Manuelita o la memoria del agua

Manuelita, en 'Hubo'. :: el patio/
Manuelita, en 'Hubo'. :: el patio

El Patio Teatro vuelve a los escenarios con 'Hubo', un poético drama rural sobre arraigo y resistencia

J. SAINZ LOGROÑO.

Hay un mar sobre nuestras cabezas. Es el olvido. Y ni siquiera hace falta aquella pertinaz sequía, ni caudillos que inauguren pantanos, ni paisanos teniendo que huir de sus pueblos. No hacen falta el tiempo y la distancia. Sobre nuestra memoria hay un inmenso cementerio en el que ya estamos sumidos. Un camposanto de barro y de muertos de miedo, de derrota y muertos del todo. ¿Qué fue de nuestras raíces, qué de nuestros abuelos? ¿Qué será, si nada de eso sabemos, de nuestro futuro? Te lo diré: se lo llevará el mar, ese mar que es tan grande como la gran nada o como la peor de las muertes. Ese mar es el olvido. El exilio definitivo, el desarraigo incluso para los fantasmas... Pero justo en esa inmensidad, en algún lugar, resiste Manuela.

¿Quién le iba a decir Manuelita, que soñaba con navegar, que en un maldito pantano su pueblo iba a naufragar? La compañía riojana el Patio Teatro bota una esperanza en forma de pequeña gran obra de títeres. Su heroína entra por las venas de quien trae dentro su otra mitad de la historia, una historia de arraigo y de memoria que es necesario despertar. Con la misma poesía escénica de 'A mano', su precioso trabajo de debut, con el mismo lenguaje manual delicado e intimista, 'Hubo' cuenta la odisea de una mujer alzada contra el poder impuesto en forma de desahucio, en forma de expropiación forzosa por embalse, en forma de progreso ciego e inhumano. Frente a la injusticia, ella sola planta cara a lo inevitable y da ejemplo de resistencia, de persistencia de la memoria y dignidad inquebrantable.

LA OBRA

u'Hubo'
de El Patio Teatro
uCreación
Izaskun Fernández y Julián Sáenz López
uPróxima representación
22 de junio en Enciso (Encinart)

Hace muchos años visité Las Ruedas de Enciso: una aldea humilde y campesina, hermosa a la manera de los pobres y a la manera de los pobres, orgullosa. Su pasado le dolía, pero dolía aún más el futuro que iban a robarle. Y el futuro es hoy y está bajo las aguas. Se lo negaron. Donde había casas hoy hay ruinas; donde había calles, calles submarinas; donde había puentes, molinos, fuentes... solo abismos. Donde había vida, ni siquiera muerte; barro y solo barro. Ni la luz del sol le llega ya, ni la lluvia ni la brisa ni la luna. Solo la ausencia en forma de corriente fría y oscura.

Manuelita vivió en un pueblo así: fue niña, jugó, creció, se enamoró y formó su familia. También se quedó sola y lloró. Pero era fuerte. Y firme. Su casa era su vida; su pueblo, su lugar en el mundo. Un mal día tuvieron que marchar; los echaron para evacuar, demoler, inundar. Como antes en Mansilla o en Asuán o en la China. Un desahucio o mil son siempre la misma injusticia, aunque sea en nombre del progreso y la inmensa mayoría. Pero ella no, ella se quedó. Se ancló a la tierra y plantó batalla. Y este es su hermoso canto de sirena rural.

Lo cantan las manos de Izaskun Fernández y Julián Sáenz López, artesanas de la arcilla y artistas del agua. Emplean ahora otra forma de expresión menos desnuda, más elaborada, pero igual de expuesta y conmovedora. Con 'Hubo' han regresado de las profundidades del éxito a la zozobra de las olas y confirman que 'A mano' no fue circunstancial. Ambas son poema y gran teatro. Como Manuelita, han encontrado ese lugar en el mundo del que no te puedes ir. Su lugar en el mundo. Y nuestro patio.

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