Julita y las cenizas de España

Julita Salmerón se suma a la inolvidable galería de madres del cine español formada por Felicidad Blanc en 'El desencanto' y la Carmina de Paco León. Nada más arrancar el documental que le ha dedicado su hijo Gustavo explica las ventajas de ser incinerada o de acabar en un nicho. Julita hace jurar a los suyos que le clavarán una aguja de punto para comprobar si, llegada la hora, realmente está muerta. El leit motiv del filme es la búsqueda de los huesos (las vértebras) de la abuela del director, que Julita guarda en alguna parte.

Ganador del Festival de Karlovy Vary y nominado al Goya documental, 'Muchos hijos, un mono y un castillo' es el retrato de una madre que cumplió su sueño de tener muchos vástagos (seis), un chimpancé que con el tiempo se volvió agresivo y un castillo en las cercanía de Vic que hubo que vender por la crisis. Porque los Salmerón eran (son) una familia bien de Madrid -el padre es ingeniero industrial- que se hizo rica gracias a una herencia, pero que por culpa de desafortunadas inversiones inmobiliarias vinieron a menos.

Muñecas y dientes

Salmerón ha rodado a lo largo de 15 años más de 400 horas de grabación en diferentes formatos: desde viejas películas en Súper 8 a imágenes de la intimidad tomadas con un iPhone. Su película es el retrato de un ser desopilante, tierno, brutal, único, que trabajó como profesora en un jardín de infancia y se dedicó a acumular de todo en casa, como si tuviera síndrome de Diógenes. Vestidos de muñecas, las cenizas de sus padres, los dientes que se les fueron cayendo a sus hijos... Julita padece disposofobia, que es lo que nos lleva a acumular objetos aun sabiendo que jamás los usaremos.

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