Julio Armas, el escritor que siempre sorprende

JESÚS MIGUEL ALONSO CHÁVARRI

Cada vez que Julio Armas entrega un nuevo libro la reacción que tenemos es la misma: de sorpresa; una sorpresa que puede llegar por motivos muy diversos, pero siempre nos sorprende. En unos libros, la sorpresa llega al comprobar que Julio es un experto en la conquista y el descubrimiento de América, cosa que la mayoría no sabíamos; en otro, nos sorprende al transformarse en biógrafo de personajes históricos; también sorprende con el trabajo metaliterario que introduce en una aparente novela medieval de intrigas y templarios; o escribiendo una novela negra, en la que incluye una «historia dentro de la historia», que transforma el aparente relato negro en una novela psicológica en la que nada es lo que parece. En su penúltimo libro, 'Cuentos dedicados', conviven relatos de la selva amazónica con otros de corte rural e, incluso, alguna historia sentimental que llega al corazón, pero con la sorpresa de que son relatos dedicados a los grandes personajes de ficción de la literatura universal o a hechos históricos relevantes.

Ahora presenta 'Muertes cruzadas', aparentemente una novela negra, en la que, al comienzo, aparecen dos amigos muertos por envenenamiento y el inspector Carbajal intentará desentrañar el misterio de los asesinatos; pero no nos confundamos, de novela negra al uso tiene más bien poco. Sí sigue los cánones de la novela negra en algún aspecto: en su amenidad, pues despierta rápidamente el interés del lector, en la trama que investiga el peculiar inspector Carbajal y en poco más. La linealidad temporal del relato aquí es sustituida por una estructura más compleja, con saltos atrás y adelante en el tiempo, que da compacidad al relato, pero que no resulta perturbadora para el lector.

Un logro de la novela es el peculiar lenguaje que usa el inspector, un hombre que habla coloquialmente y, a veces, con cierta brusquedad, tanto a inferiores como a superiores; también está conseguida la cotidianidad de la historia, con una minuciosa descripción de tareas y hechos comunes, lo cual no suele ser propio de la novela negra.

En cuanto a la parte técnica de la novela, la mayor novedad es que el autor simultanea la primera persona con la tercera, lo cual le permite dar voz al inspector Carbajal, que narra en primera persona la marcha de su investigación, y, a la vez, disponer del narrador omnisciente, que cuenta en tercera persona los sucesos de la vida de los amigos muertos, en esos saltos temporales, atrás y adelante, que abarcan diversos paisajes de sus vidas.

Hay diversas líneas en el relato, que acaban convergiendo, pero llaman la atención las conversaciones del inspector con un jardinero, que vienen a ser como una línea de fuga, que hace descansar al relato principal y que añade interés y amenidad a la historia. En lo que respecta al lenguaje, el autor ha conseguido que funcione el tono coloquial de los diálogos, lo cual no suele ser frecuente, que añade realismo, además de amenidad, a la narración.

En resumen, estamos ante una buena novela negra que, además, nos da mucho más: calidad en la prosa, uso muy adecuado de un lenguaje sencillo y pulcro, que hace funcionar, sin perturbar el interés y la amenidad de la historia, la complejidad de la estructura.

Sólo queda dar la enhorabuena a Julio Armas por esta nueva entrega, en su ya dilatada y exitosa carrera literaria, y esperar a ver con qué nos sorprende en la próxima. Porque Julio siempre sorprende. Para bien.

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