La identidad arnedana, en la roca

Dos tramos. El visitante puede conocer el conjunto de los Cien Pilares, repartido en dos cuevas con diversas galerías. :: /Ernesto Pascual
Dos tramos. El visitante puede conocer el conjunto de los Cien Pilares, repartido en dos cuevas con diversas galerías. :: / Ernesto Pascual

La cueva vivienda y el conjunto de los Cien Pilares son un tesoro rupestre de Arnedo

Ernesto Pascual
ERNESTO PASCUAL

Como a otras localidades ante el paso del Cidacos, la peña de arenisca ampara a la ciudad del calzado. Pero además de cobijar sus espaldas, esa peña también guarda uno de sus tesoros, un secreto que al fin ha visto la luz y que relata buena parte de su identidad: las cuevas horadadas desde hace siglos en la entraña de la roca arenisca y a las que los arnedanos han dado diversos usos a lo largo de la historia hasta convertirse en la actualidad en uno de sus referentes patrimoniales y turísticos.

Abandonadas desde décadas atrás, los arnedanos y sus visitantes escudriñaban esas oquedades abiertas en la peña con curiosidad, con muchos interrogantes hacia qué historias habían habitado y podrían contar esas ventanas. A lo largo de los siglos habían sido eremitorios, establos para animales, palomares, viviendas hasta los años 60... Y también había preocupación sobre su estado y posible deterioro, como puso de manifiesto un congreso específico en el año 2001.

Con el anhelo siempre de hacerlas municipales, el Ayuntamiento lo consiguió en julio del 2013 la cesión por la familia Viguera de la más emblemática, la cueva de los Cien Pilares. Fue la primera en recuperarse, acondicionarse y disponer para las visitas públicas. La actuación de la Asociación para el Desarrollo de La Rioja Suroriental, con el apoyo de 150.000 euros de los fondos europeos Leader Plus, comenzó en el 2015 la limpieza y recuperación de las otras cinco cuevas del Cerro de San Miguel, de propiedad municipal, que conforman el conjunto de los Cien Pilares.

El Ayuntamiento mantiene las visitas guiadas los sábados y domingos

En la pasada primavera, mejorados sus accesos, con total seguridad y pasarelas de maderas que conectan las galerías en sus distintas alturas, el conjunto se mostraba por completo a visitas, convirtiéndose de inmediato en referente turístico para la oferta de la ciudad del calzado gracias a su singularidad, la historia que guardan sus muros y el espíritu y personalidad que embargan a quien se adentra en sus galerías.

Durante estos meses en los que Arnedo ha sido sede de la séptima edición de la exposición La Rioja Tierra Abierta, las cuevas han sido un complemento perfecto a sus tres sedes oficiales. Y han dejado un recuerdo que perdura. De hecho, casi medio millar de personas las han visitado en noviembre, primer mes turístico tras La Rioja Tierra Abierta, con el título 'Cinemática'.

Un viaje a otro tiempo

Al adentrarse en cualquiera de los dos tramos, en sus pasadizos, en sus recovecos, en sus grandes salas, el visitante siente que se adentra en otro tiempo. Remontándose sus inicios a los siglos V y VI, el guía lanza las hipótesis que se plantean sobre sus usos: pudieron ser eremitorios para monjes , tener uso agrícola, para palomares... Todo cabe en la mirada del visitante, que encuentra toda una ciudad excavada en la roca. El primer tramo guarda el ventanal de la herradura, uno de los miradores que se abren en sus galerías al Arnedo actual. En el segundo, que conecta galerías en distintas alturas, las pasarelas recorren decenas de metros, a la par que el Arnedo actual, saludando su pasado.

Con esa gran aceptación a lo largo de estos meses y desde el primer momento, tanto de arnedanos como visitantes, el Ayuntamiento mantiene las visitas guiadas, que se reservan en la Oficina Municipal de Turismo: los sábados a las 11 y 16.30 horas y los domingos a las 11 de la mañana (en función de la demanda, se doblan los grupos o se adapta otro horario cualquier día de la semana si se concierta para entre 12 y 20 personas). Gratis para los menores de 12 años, la entrada general cuesta 4 euros, 2 la reducida para jubilados y discapacitados y 3 euros por persona en grupo.

«Es un recurso que sigue funcionando», valora el concejal de Juventud, Turismo y Participación, Raúl Domínguez, pensando en incluir un contenido desde primavera que las haga más especiales. Así, en Navidad mantendrá los horarios, incluidos los domingos 24 y 31 de diciembre con las visitas matutinas. Eso sí, cerrarán 6 y 7 de enero para dar descanso a los guías.

La visita

La visita arranca desde el Palacio de La Baronesa, en el centro de Arnedo, sede de la Oficina de Turismo. Desde ahí, el visitante se adentra en el intrincado y angosto casco antiguo de la ciudad del calzado, imaginando sus calles medievales, su judería... siempre ascendiendo hasta el cerro de San Miguel, donde comenzó su historia en la época celtíbera.

La cueva-vivienda permite imaginar cómo se habitaron hasta el siglo XX. :: / Ernesto Pascual

Con las explicaciones del guía, llega hasta la entrada de la primera cueva, acondicionada gracias al derribo de una vieja vivienda y que permite encontrar una plaza donde se reúne el grupo. En un viaje cronológico hacia atrás, la primera entrada al pasado es a una cueva-vivienda. Desde una municipal, Arnedo ha convertido una en un centro etnográfico acondicionado como lo estaban las cuevas-vivienda desde finales del siglo XIX y pasada la mitad del XX en barrios como Santiago, Castillo, Santa Marina y la Carrera. El visitante se adentra en los distintos espacios excavados en la roca, comenzando por la alcoba y la cocina como los primeros en picarse por cualquier familiar. Leñera, corral, cuadra para los animales, bodega... Con sus habitáculos encalados, la cueva presenta sus diversos usos y deja una sensación curiosa: mantiene la temperatura constante sobre 16 grados.

Las cuevas ofrecen vistas del Arnedo actual. | Se pintaban de cal para sostener la roca. | Los recovecos guardan curiosidades. / Ernesto Pascual

La mejora de los accesos conduce por una escalera metálica hacia el conjunto de los Cien Pilares, atravesando a su paso el yacimiento de la necrópolis medieval, el primer cementerio conocido de la ciudad. Desde ahí, son dos los accesos a las cuevas de los Cien Pilares: uno por escalera hacia el primer tramo y, después, por una en caracol al segundo. Dos caminos hacia todas sus preguntas.

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