La guerra de goya

Los ‘Desastres’ muestran en Ibercaja-Logroño la crítica antibelicista del genio aragonés y su habilidad de grabador

Jonás Sainz
JONÁS SAINZLogroño
Guerra
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Nº 2 ‘Con razón o sin ella’. Tras la introducción alegórica del primer desastre, comienza una serie de estampas de extraordinaria violencia. La frialdad de los soldados franceses, a los que no vemos el rostro, como si se tratase de una máquina de matar, contrasta con los dos españoles. Nadie hasta ahora había mostrado la sangre manando del rostro de un hombre a punto de morir.

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Nº 3 ‘Lo mismo’. Alude a la estampa anterior; si la primera muestra la muerte de los españoles, esta segunda hace otro tanto con la de los franceses y refleja que los patriotas también son crueles. Pero además Goya utiliza otro recurso extraordinariamente novedoso para relacionarlas: lo que aparece al fondo en la primera estampa, apenas esbozado, pasa a primer término en esta segunda.

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Nº 30 ‘Estragos de la guerra’. En una imagen también innovadora, Goya muestra una visión imposible al situarse como observador en el interior mismo de un edificio bombardeado (quizás Zaragoza o Gerona bajo el fuego francés) y en el preciso momento en que se derrumba por efecto de la explosión. Esta estampa, por su tema y composición, inspirará claramente a Picasso para el Gernica.

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Nº 39 ‘Grande hazaña! Con muertos!’. Esta estampa, como otras de la serie, consigue a partir de hechos concretos abstraer la esencia de la violencia que lleva implícita, dejando en un plano secundario la identidad y bando de sus víctimas. Unas víctimas que, al estar desposeídas de todo elemento iconográfico que las identifique, se convierten genéricamente en hombres sin otro bando que la muerte.

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Nº 48 ‘Cruel lástima!’. Tras la primera parte de la serie, centrada en la guerra (estampas 2 a 47), la segunda parte (48 a 64) se centra en el hambre de la población, ya sea durante los Sitios de Zaragoza de 1808 o en el Madrid de 1811 y 1812. En esta primera imagen un hombre mendiga ayuda entre los muertos mientras una mujer impotentemente sentada a sus pies ve morir a sus hijos.

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Nº 50 ‘Madre infeliz!’. Integrada en el conjunto de imágenes que muestran los horrores del hambre, esta estampa expresa como pocas la idea de la fragilidad de la vida en la posguerra. En estas láminas la mujer se convierte en un hilo conductor, representada como madre cuidando y protegiendo a sus hijos, ejerciendo la caridad entre los más necesitados o, como aquí, simplemente muerta.

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Nº 56 ‘No llegan a tiempo’. Las mujeres, que en las estampas de guerra también combaten a los soldados franceses, después han de hacer además labores de socorro. Para esta composición, según algunos expertos, Goya pudo inspirarse en la Virgen del ‘Descendimiento’ de Van der Weyden, cuadro (hoy en El Prado) que el aragonés tuvo que conocer en El Escorial siendo pintor del rey.

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Nº 64 ‘Carretadas al cementerio’. Aunque en esta segunda parte la violencia ya no es explícita, Goya escenifica los efectos secundarios de la guerra: el hambre y las enfermedades, también con la muerte como conclusión y el cementerio como destino. Ciertamente, las parroquias de Madrid tuvieron que retirar ‘carretadas’ de cadáveres de las calles como muestra esta última imagen del capítulo.

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Nº 66 ‘Extraña devoción!’. La tercera y última sección de la serie la forman los ‘Caprichos enfáticos’ (estampas 65 a 82), donde Goya critica la restauración absolutista tras el regreso de Fernando VII. Abunda la crítica sociopolítica y el uso de la alegoría mediante animales, como en esta estampa anticlerical y metafóricamente antifernandina.

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Nº 72 ‘Las resultas’. Los animales de la noche, que poblaban ‘El sueño de la razón produce monstruos’ en los ‘Caprichos’ más de diez años antes, vuelven a aparecer en esta sección, y en esta estampa lo hacen para abalanzarse como vampiros sobre el cuerpo exangüe pero noble de la España de posguerra y rapiñar su sangre débil y escasa.

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Nº 79 ‘Murió la Verdad’. En los últimos caprichos enfáticos, el mensaje político es evidente. Esta primera estampa muestra el cuerpo tendido de una joven, símbolo de la Verdad, de la que irradia una luz que permite ver quiénes asisten a su funeral y qué actitudes adoptan:mientras los clérigos se disponen a enterrarla, a la derecha llora la Justicia.

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Nº 80 ‘Si resucitará?’. Goya se permite una ligera esperanza al preguntarse si revivirá la Verdad. Sin embargo, criaturas oscuras, símbolo del Antiguo Régimen, la acechan para devorarla;como ocurre en una penúltima estampa, ‘Fiero monstruo!’. En la última, ‘Esto es lo verdadero’, Goya imagina una situación idílica ya imposible: la Paz retornando junto al hombre.

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