Grandilocuente divertimento

BORJA CRESPO

La señorial 'Los archivos del Pentágono' todavía colea en nuestras mentes -y en los cines de algunas ciudades- y el maestro Steven Spielberg, el rey del entretenimiento bien rodado, un bien en desuso, nos regala otra de sus propuestas. A medio camino entre 'Charlie y la fábrica de chocolate', por su estructura y desenlace; '¡Rompe Ralph!', por su espíritu y lluvia de alusiones a títulos y personajes legendarios; y 'Avatar', por antojarse más presente el CGI que la imagen real, 'Ready Player One' aglutina tantas referencias a la cultura popular que puede llegar a epatar.

La historia se basa en la novela superventas de Ernest Cline, tan mil veces recomendada como tachada de mediocre. Propone un mundo futuro, año 2045, donde el ser humano se evade de sus problemas, los sobrelleva en vez de solucionarlos, enganchándose a un juego virtual llamado Oasis, donde puede ser quien quiera e interactuar con otros sujetos sin necesidad de conocerlos en persona (es decir, de verdad). La alienación en su máxima expresión, una tendencia en auge gracias a la telefonía móvil y el ADSL.

'Ready Player One', protagonizada por Tye Sheridan y Olivia Cooke , reivindica la imaginación en un mundo que se deja llevar por los paraísos artificiales. Agotadora en su parte infográfica, es Spielberg elevado al cubo, en sus defectos y virtudes. Hortera y divertida, ofrece algunas set-pieces memorables, como la referente a 'El resplandor', del inefable Kubrick. Hay cambios respecto al libro que actualizan el relato (con citas más contemporáneas) y la banda sonora no se queda corta a la hora de sacudir la memoria sentimental del espectador.

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