La evocación se viste de erotismo

ALONSO CHÁVARRI

La escritora riojana Julia Baigorri presenta una nueva entrega poética en su editorial de siempre, Endymion, de la que conocemos su buen trabajo de edición y los atractivos libros de su colección Endimionpoesía.

Atrás quedan sus otros libros: 'Pretérito imperfecto', con el que Julia iniciaba un cambio vital, tras las crueles zancadillas con las que la vida, a veces, nos pone a prueba y que era fundamentalmente un libro terapéutico en el que ya se anunciaba la sensibilidad poética de la autora; 'Las lánguidas libélulas' era un paso adelante en el discurrir poético de Julia, con versos más largas y cuajados, en los que hacía una parábola entre las libélulas y la vida, el colorido y la luminosidad, pero también la fragilidad, tanto de los insectos como de la propia vida; era un libro evocador, en el que se vislumbraba el eje sobre el que gira toda la poesía de Julia Baigorri: el amor crepuscular, la evocación, los sueños, los recuerdos, el paso del tiempo, que se lleva todo por delante. Ahora nos presenta 'Erótico crepúsculo', una obra con un fuerte componente autobiográfico, en la que, de nuevo, la evocación, los sueños, los recuerdos, la búsqueda del amor... están impregnados de un erotismo intenso, no tan crepuscular como el título pareciera indicar, tal nos muestra en su poema 'Préstamo':

«¿Me prestas tu cuerpo desnudo?

Quiero esta madrugada

probarte el traje de saliva

que mis labios han cosido para ti (...)».

A veces utiliza versos muy largos, especialmente cuando quiere resaltar esa ausencia que sobrevuela entre las páginas, junto al amor y al deseo:

«(...) ¿Qué me importa que estés lejos, intangible, inalcanzable,

si cada noche te traigo a mi lado y llegas

tal y como yo quiero imaginarte, amarte, sentirte? (...)».

Además de la evocación, además de la añoranza, además de la ausencia, el poemario trata de la búsqueda del amor, ese amor que, como la lectura adecuada, siempre existe en algún lugar y en algún momento; y así lo expresa en los últimos versos de su poema 'Búsqueda':

«(...)Busca alguien que quizá no exista en el mundo.

Pero ella sigue buscando sin descanso en los parques,

bajo las desgastadas alfombras de lo cotidiano,

tras los troncos de los álamos en las orillas de los ríos.

Ella busca con la cesta de la ilusión al brazo.

Ella busca.

Ella.

Yo».

Sí, es un hermoso poemario, compuesto por bellas imágenes que enlazan lo real con lo imaginario, lo vivido con lo soñado, el recuerdo con el presente; tiene menos de melancolía, que anteriores trabajos, y más de deseo, un deseo anclado en la memoria y aderezado de fuerte erotismo, que, insisto, no tiene tanto de crepuscular como el título pareciera indicar. Y todo ello sustentado con el poder de la palabra, la magia de las palabras unidas, esa exacta unión que componen los versos y que siempre acuden a la llamada del poeta. Como acuden en el poema titulado 'Resurreción':

«(...)La luz del alba, de pronto,

golpeó nuestra ventana,

nos dimos besos tan hondos

que nos herimos el alma(...)

(...)Si el destino me ayudara

a aprender a no amarrarlo

me daría igual pactar

con su Dios que con mi diablo».

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