UN EGÓLATRA ENTRAÑABLE

Tim Burton retrató en 'Ed Wood' al que ha pasado a la historia como el peor director de cine de todos los tiempos. Un tipo movido por el entusiasmo que no por el talento, cuyas películas permanecen pero no por los motivos que su autor hubiera querido. Ese tipo de cinefilia socarrona que adora una cinta porque es tan mala tan mala que resulta divertida es el que ha entronizado a Tommy Wiseau, un inútil que en 2003 rodó 'The Room', un drama que desde su primera proyección despertó carcajadas en vez de lágrimas. James Franco, notable actor y osado director, cuenta su historia en 'The Disaster Artist'.

Wiseau es un tipo misterioso que cree parecerse a James Dean cuando los demás le ven como un vampiro. Tampoco de dónde sacó los seis millones de dólares que costó su pestiño, para el que pagó un anuncio gigantesco en Los Ángeles durante meses. Franco contempla a este ególatra necio pero entrañable con cariño, sin ensalzarle ni denigrarle, aunque el filme no alcanza las cotas de poesía de 'Ed Wood'.

Así, 'The Disaster Artist' resulta un simpático canto de amor agridulce al Hollywood de los fracasados y una sátira del cine dentro del cine. Hay que esperar a los créditos para comprobar con asombro cómo el filme calca las escenas del disparate al que parodia.

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