Dolinas en el valle del Jubera

Dolinas. ::
Dolinas. :: / Diego Marín A.

Declaradas Área Natural Singular, las hoyas o torcas de Zenzano son un tesoro escondido de La Rioja

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

De pronto, el paisaje sufre una gran depresión. Es algo propio de los terrenos calizos, como los de los valles del Leza y del Jubera, entre los que se encuentra la zona. Está en el monte Zenzano, con sus 1.201 metros de altitud, y junto a Moncalvillo, una de las dos torres que custodian Logroño. El pico se puede ver desde la ciudad, detrás de Clavijo, imponente pero anónimo. La Consejería de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de La Rioja ha declarado este año a las dolinas de Zenzano, así como La Degollada y el Recuenco de Calahorra, el Carrizal de Confin de Alfaro y el Carrascal de Villarroya, Área Natural Singular.

Esta categoría sólo la ostentaba en La Rioja la laguna de Hervías y, a partir de ahora, son cinco las zonas protegidas por la Ley de Conservación de Espacios Naturales de La Rioja. En el caso de las dolinas de Zenzano, aldea de Lagunilla del Jubera, se ha estimado una superficie de 22,7 hectáreas que abarca las tres localizadas en la ladera caliza con pastos y bosques de quejigo y encina del monte Zenzano: La Covaza, La Cueva y La Redondilla. «Su importancia radica en la singularidad geomorfológica por sus grandes dimensiones y buen estado de conservación», dicta la declaración institucional.

DATOS

LA RIOJA
Dolinas La Covaza, La Redondilla y La Cueva. Zenzano (Lagunilla)
Categoría
Área Natural Singular.
Cómo llegar
Camino no asfaltado que parte de la LR-346 entre Ribafrecha y Ventas Blancas hasta Zenzano.
Recomendaciones
Acudir acompañados de un guía o experto conocedor de la zona para visitar La Redondilla y La Cueva, ya que se adentran en la montaña; La Covaza, en cambio, está casi a pie de camino.

Una dolina se origina por la desintegración de las rocas, a menudo por la filtración de agua. Las rocas se disuelven por el CO2 del agua de lluvia y se produce la erosión, provocando el hundimiento del terreno. «Una dolina es un depresión kárstica cerrada, de planta circular, producida por procesos de disolución de carbonatos en superficie o desplomes de techos de cavidades subterráneas», describe Noemí Lana-Renault Monreal, profesora del Área de Geografía Física de la Universidad de La Rioja. Este fenómeno geológico resulta espectacular por aparecer de forma súbita en el terreno y poder ser este, como en el caso de Zenzano, abrupto.

La más accesible es La Covaza, pasado Zenzano, caminode Villanueva

«Desde un punto de vista paisajístico son excepcionales dentro del contexto riojano, pero en el nacional y mundial son normales. Las dolinas más grandes del mundo pueden llegar a tener cientos de metros de diámetro y profundidad», añade Noemí Lana-Renault. En la misma zona, como en el caso de Ribafrecha y Arrúbal, así como en el barranco del Sotillo de Grávalos y la Sierra de la Demanda (las Viniegras), se han identificado otras dolinas, pero ninguna tan admirable como las de Zenzano, inmerso, además, en plena Reserva de la Biosfera de La Rioja y marcado como ‘Reserva Startlight’ por la limpieza de sus cielos. Las dolinas pueden asemejarse a cráteres, pero dentro de ellos la vida sigue e, incluso, anidan aves como los buitres y halcones.

«Mejor desde la distancia»

José Martínez, alcalde de Lagunilla del Jubera, municipio al que pertenece Zenzano, explica que el terreno sobre el que están las dolinas es monte de dominio público, «así que no podemos actuar sobre él». Reconoce que, aunque «el acceso es complicado», tampoco ha solicitado una señalización o acondicionamiento del terreno para crear, por ejemplo, un sendero de acceso, pero estima que la declaración de las dolinas como Área Natural Singular «es un atractivo más para el pueblo, algo positivo». Tan poco accesibles son las dolinas La Redondilla y La Cueva que el alcalde afirma que una de las mejores formas de contemplarlas es en parapente. No obstante, la declaración incluye «actuaciones de conservación y restauración» y la promoción de «acciones para la puesta en valor del espacio natural a través del uso público y la interpretación de los valores ambientales». Para la profesora del Área de Geografía Física de la UR, «ahora mismo, la accesibilidad para llegar hasta ellas es relativamente complicada», aunque también admite que «como mejor se aprecian es desde la distancia, una vez que llegas a ellas no tienes una perspectiva buena para admirar su gran belleza».

La más accesible es la dolina La Covaza, situada pasado Zenzano, camino de Villanueva de San Prudencio, cerca de la antigua ermita de San Cristóbal. Ascendiendo el barranco de Zenzano, en lo alto de la peña, a la derecha se ve Trevijano al fondo y saliendo de la pista forestal, en dirección Noroeste, se divisa cerca la hoya o tosca, pues también se denominan así. Es posible acercarse a ella campo a través y contemplar su imponente belleza. Mide unos 100 metros de diámetro y unos 60 de profundidad y a su alrededor crecen los enebros y sobrevuelan las aves. Es un lugar que merece la atención.

No muy lejos existió el monasterio de San Fructuoso de Pampaneto (año 985), del que hoy apenas se conserva su aljibe y la ermita de los Frailes. Se cuenta que las dolinas han tenido, incluso, funciones como las de refugio y fosa en guerras y corrales naturales para el ganado. La dolinas de Zenzano es uno de esos desconocidos tesoros naturales de La Rioja, a pesar de formar parte del Inventario de Recursos Geológico-Mineros de Carácter Singular de La Rioja desde el 2007 y ser considerado punto singular geomorfológico de modelado kárstico de interés didáctico-científico nacional.

Buena culpa de su poca popularidad la tiene su accesibilidad. Sólo para llegar a Zenzano hay que ascender 10 kilómetros por un pedregoso camino que parte de la carretera LR-346 que une Ribafrecha y Ventas Blancas. La Covaza es la mejor situada pero las otras dos dolinas, la gran Redondilla y la pequeña Cueva están más escondidas. Para llegar a ellas hay que ascender hasta el pico Zenzano siguiendo unas balizas y después descender por el barranco del río San Juan siguiendo unas pirámides de piedra a modo de señalización o ascender desde la última curva de herradura del camino de acceso a la aldea, en dirección contraria a Santa Cecilia.

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