Un debate incómodo y enriquecedor

O. BELATEGUI

Uno de los chavales protagonistas, escogidos en colegios de la zona, le dio las gracias al final del rodaje: «Me dijo que era la primera vez en su vida que había podido pensar y hablar acerca de sí mismo. Eso me reconforta en la idea de que no soy un marionetista, el demiurgo que mueve los hilos, sino que hago pensar a la gente que fabrica la película», comenta el cineasta Laurent Cantet.

'El taller de escritura' no resulta tan balsámica como esas otras producciones francesas que defienden el valor de la educación y la cultura. Cantet apuesta por incomodarnos a través del personaje del chaval que se niega a integrarse y se hunde en delirios de violencia y extrema derecha.

El autor de las soberbias 'El empleo del tiempo' y 'Regreso a Ítaca' enriquece su retrato veraz y naturalista con perturbadores toques de thriller, incluida una tensión sexual no resuelta entre profesora y alumno. Desvela también Cantet que, tras las proyecciones de promoción, los espectadores franceses se quedaban quietos en su butaca, dispuestos al debate, «como si la película siguiera en cierta manera». Todo un piropo.

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