Esta ciudad holandesa será Capital Europea de la Cultura en 2018 y ha empezado calentando motores con una exposición sobre su vecina más famosa, Mata Hari, icono de femme fatal ¡y espía! de la Historia

Las bicicletas, un clásico de las acogedoras ciudades holandesas. :: pedro grifol/
Las bicicletas, un clásico de las acogedoras ciudades holandesas. :: pedro grifol

Cita con Mata Hari... en LeeuwardenESCAPADA DE

PEDRO GRIFOL LEEUNWARDEN.

La designación de una ciudad como Capital Europea de la Cultura permite un mejor conocimiento mutuo entre los ciudadanos de la Unión Europea; pero eso es sólo a nivel 'políticamente correcto', porque el verdadero objetivo es potenciar los aspectos culturales y lúdicos de la ciudad, brindándonos la oportunidad de conocer mucho mejor un lugar prácticamente desconocido como destino turístico.

Leeuwarden, capital de la provincia de Frisia, una región con identidad propia situada al norte de Holanda, es una de esas tranquilas ciudades surcadas por canales donde todo el mundo va en bicicleta de la que nos enamoramos a primera vista. Es famosa por su industria lechera como así legitima la escultura de una vaca frisona, apodada Nuestra Madre, que preside una de sus plazas. En otra plaza hay otra escultura: un caballo frisón de bronce, típico de la región. Y sobre el puente de un céntrico canal se erige, como no podía ser de otra manera, una pequeña estatua de Mata Hari, que representa a la bailarina esgrimiendo un paso de danza, erigida en 1976 con ocasión del centenario de su nacimiento en Leeuwarden; y de la que el pasado mes de octubre se cumplieron cien años de su muerte. Margaretha Zelle, nombre real de la bailarina y cortesana conocida mundialmente como Mata Hari ('ojo del día' en malayo), estuvo en Madrid en otoño de 1916... y durmió en el recién inaugurado Hotel Palace, aunque su nombre no consta en el libro de registros. En aquellos años era costumbre registrar a las parejas con el nombre masculino seguido de «y señora» si la acompañante era su esposa, o con «y una señora» si no lo era. Poco tiempo después, fue detenida por el ejército francés como la espía H21, y fusilada por delatora poco antes de acabar la Primera Guerra Mundial. El Museo de Frisia de Leeuwarden recuerda su figura con la mayor exposición realizada sobre su azarosa trayectoria existencial: Mata Hari, el mito y la joven. La magnífica muestra, que reúne objetos personales, fotos y recuerdos de la exótica bailarina frisona se puede visitar hasta el 2 de abril de 2018.

En un fin de semana

Después de los selfies de recuerdo junto a las tres esculturas (porque no hay más), podemos embarcar en el bateau-mouche que recorre el Nieuwstad, su canal principal, que es la mejor manera de hacernos con la ciudad en un placentero recorrido de una horita.

La ciudad se puede recorrer a pie, todo está muy cerca. En la plaza de Oldehove, queda la torre gótica de ladrillo, que está inclinada (como la de Pisa), aunque la de esta ciudad no se terminó de levantar debido a la inestabilidad del suelo. Luego la mejor opción es pasear por la calle Kerkstraat, visitar el Museo de la Cerámica donde se exhiben porcelanas y azulejos provenientes de todo el mundo; y proseguir hasta la Iglesia de los Jacobinos, en la que veremos ¡para nuestra sorpresa! un mapa desde donde parte el Camino de Santiago holandés. En la Waagplein está el edificio de la balanza pública, donde antaño se pesaba el queso y la mantequilla, ahora convertido en cervecería.

La opción de entregarnos al 'coleccionismo turístico' de objetos variados resulta muy divertida porque se han manufacturado muchos productos con la con efigie de la susodicha Mata Hari, y la mayoría son comestibles (galletas, bombones, quesos...), como por ejemplo: los nougat de Priuw; los quesos de Ziuvelhoeve; los pepernoten de Van Delft, o el chocolate blanco de Salvedra.

Y hablando de comida, el más trendy restaurante de la ciudad se llama Eindeloos, donde nos sorprenderán sus pescados sous-vide... y su ajoblanco a la holandesa. Para tomar nota. El diseño en Holanda es importante porque los inviernos son largos y hay que rodearse de objetos atractivos; y Leeuwarden tiene tiendas de diseño dignas de echarle una ojeada. En Ogenblik encontrarás desde alfombras mulliditas hasta objetos de cristal...; mientras que Barbara & Anton exhiben muebles de su creación en la tienda Eric Steenbergen.

Para no perderse, el almacén de ropa vintage LIZ Boetiek (Ossekop, 1), donde, si se tercia, su propietaria les ilustrará con alguna anécdota de su repertorio. La inspiración oriental tiene dos tiendas: De Wereld van Thee, con surtidos de tés y teteras de toda Asia; y De Pluymgraaff, la mejor tienda para escoger un souvenir de calidad. La ruta puede continuar por la calle Weerd, que les sumergirá en el barrio antiguo. Después, un café, una cerveza, o un gin tonic, que por allí también está de moda -la familia Boomsma mantiene su destilería de ginebra por cuatro generaciones-. A la caída de la tarde, se iluminan los kelders (muelles) y algunos restaurantes tienen terrazas (con estufas) hasta el borde del canal, como el Grand Café de Brass o el Fire Café.

2018 a la vista

Leeuwarden tiene 90.000 habitantes, pero para 2018 se esperan cuatro millones de visitantes. La ceremonia de inauguración de la Capitalidad de la Cultura está prevista para el 26/27 de enero. En mayo se inaugurará una gran fuente diseñada por el artista español Jaume Plensa, que consistirá en dos grandes cabezas de niños que se miran el uno al otro por encima de la niebla, aludiendo a la bruma invernal que se forma en Frisia.

Las famosas marionetas urbanas del grupo francés Los Gigantes del Royal también deleitarán a los viandantes con sus impactantes pasacalles; y un programa titulado 'Una Orquesta Sin Fin' reunirá a un buen número de bandas locales que amenizarán los espacios públicos.

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