El bosque te atrapa con su mirada

Los ojos de Ibarrola observan el paso de un ciclista por el bosque de Oma.
Los ojos de Ibarrola observan el paso de un ciclista por el bosque de Oma. / Jordi Alemany

Un paseo por los valles de basondo y Oma en un recorrido cargado de arte, historia y prehistoria

IÑIGO MUÑOYERROLogroño

La Reserva de la Biosfera de Urdaibai ofrece tantos atractivos naturales como los doce municipios que abarca. Es el caso de Gautegiz de Arteaga, Kortezubi y Arratzu, que en pocos kilómetros reúnen mar y montaña. Marismas salinas y torrentes de aguas gélidas. Robledas, encinares cerrados y bosques de ribera. También mucha historia. Desde del santuario magdaleniense de la cueva de Santimamiñe hasta el bosque pintado de Ibarrola en Oma. Iglesias, ermitas, casas nobles e incluso un castillo, el de Arteaga. Todo ello debidamente balizado y protegido para facilitar el paseo. Sólo hacen falta ganas de caminar para adentrarse en la naturaleza por recorridos siempre fáciles, al alcance de todos los senderistas. En este caso, recorreremos los valles de Basondo y Oma, pasando por la cueva de Santimamiñe y realizando una más que merecida parada en el legendario caserío de Lezika.

Cómo llegar:
A Basondo se accede por la carretera Gernica-Lequeitio. Antes de llegar a Cortezubi nos desviamos a la derecha, siguiendo las indicaciones de las cuevas de Santimamiñe.
Dificultad:
Media.
Distancia:
6 kilómetros.
Desnivel:
200 metros.
Tiempo:
2 horas.

La carretera serpentea y sube entre pinares cerrados y nos deposita en el alto de Basondo, la entrada a los valles colgados de Basondo y Oma e inicio del recorrido por uno de los rincones más recogidos de Bizkaia. A la izquierda, esbelta y tapizada de encinas aparece la mole cónica de Ereñozar, una peña caliza donde se abre la cueva de Santimamiñe relevante por sus pinturas prehistóricas. Y de frente se extiende el valle de Oma. Praderías atlánticas enmarcadas por bosque y caseríos centenarios.

Lezika es una casona transformada en restaurante. Desde su aparcamiento abarrotado los fines de semana unas escaleras conducen a la ermita de San Mamés y el punto de información. San Mamés es un templo modesto sobre una necrópolis del siglo VI. De aquella época quedan dos fragmentos de estela con motivos solares encastrados en la fachada. Bajo la sombra de encinas y algún eucalipto superamos un corto y pendiente tramo de escaleras que nos deja en la entrada de la cueva. Estamos frente a uno de los más importantes santuarios de pinturas rupestres del Magdaleniense (hace 14.000 años) en el Paleolítico Superior, descubierto en 1916 por un grupo de chavales. El especialista Abbé H. Breuil verificó el conjunto en 1917 y desde entonces se sucedieron las excavaciones a cargo de Telesforo de Aranzadi, José Miguel de Barandiaran y Enrique Eguren entre otros.

Repartidas por la cueva hay casi medio centenar de figuras de animales. Están pintadas al carbón o incisas. El conjunto incluye treinta y dos bisontes, siete cabras, seis caballos, un oso, un ciervo y restos sin determinar. Durante 60 años la visita fue libre y la cueva se deterioró. Ahora está cerrada por una verja que sólo se abre a visitas guiadas que no pasan del umbral.

Bajamos al aparcamiento de Lezika bajo un encinar que no existía hace 14.000 años para ir a Oma por la carretera que surca el valle. El PR BI 180 ofrece un recorrido montañero, pero más duro para familias con chavales, así que lo mejor es pisar asfalto. Seguimos un tobogán que pasa junto a los caseríos de Omabeiti, Aurtenetxe, Maistratua Etxebarri –cubierto de hiedra–, sube a un altillo y desciende al valle de Oma, donde el tiempo se ha detenido.

La ermita de San Pedro es antigua (siglo XII) pero modesta y destaca su aguabenditera en mármol rosa de Ereño. Más arriba están las antiguas escuelas. Aquí también los caseríos son grandes, para familias numerosas, y en uno de ellos vivía Ibarrola. También hay una posada rural, mientras que un letrero señala al molino Bolunzulo, que funcionaba con el caudal del exiguo río Oma, que aquí desaparece en el interior del karst de Ereñozar.

Recomendaciones

Lezika: El asador situado junto al aparcamiento de Santimamiñe es el típico caserío que ofrece lo más tradicional de la cocina vasca. Si lo prefieres, también puedes tomar un bocadillo o compartir unas raciones. Barrio de Basondo (Cortezubi). 946252975

Cervecera Marko: En las primeras rampas de la subida hacia Basondo. Dispone de terraza y parking y sus pollos son casi tan conocidos como el dueño. 946253999.

Zallo Barri: Aquí se mima el producto y se elaboran muy bien salsas como la vizcaína. Entre los platos de la carta destacan el pulpo a la parrilla con ajo blanco y aceite de pimentón, el arroz cremoso con colmenillas y escalope de foie, y las colas de cigala a la plancha, puerros tiernos y berenjena. No olvidar el rodaballo con puding de verduras. Juan Calzada, 79. (Guernica). 946251800. www.zallobarri.com.

Un corto trecho por carretera hasta encontrar el panel indicador del bosque de Oma. La subida es corta, pero muy exigente. Remonta un bosque mixto salvaje de robles, fresnos, avellanos, castaños y arriba pinos radiata. Sobre cientos de estos humildes pinos pintó el artista Agustín Ibarrola su singular bosque. Un gigantesco lienzo natural único en Bizkaia, que al principio consiste en largo trazos verticales, para luego formar sencillas figuras geométricas y combinaciones de colores vivos que decoran la naturaleza. Una obra inclasificable que a algunos puede extrañar, pero que atrapa al visitante.

De vuelta al cruce de subida aún nos quedan más molinos que visitar. Son Goikolea y Olakoerrota. Subiendo carreta arriba , junto al arroyo, veremos a la izquierda los muros de Olakoerrota, que dejó de funcionar en 1972. Regresamos a Basondo y al restaurante Lezika con tranquilidad, en previsión de fuerte repecho final que pondrá a prueba la potencia de nuestras piernas.

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