Baños alternativos para sofocar el verano

Sonia Tercero

Familias y cuadrillas de jóvenes, locales o veraneantes, eligen lugares naturales de La Rioja para refrescarse en vez de las clásicas piscinas

MARÍA CASADO EL RASILLO.

Primeros de agosto, la sombra se cotiza al alza, sobre todo a la hora de dejar el coche en el aparcamiento. Lograr tal premio supone un momento de euforia, aun a sabiendas de su carácter efímero. Después empieza el baile para elegir asentamiento: sol y sombra, sombra y sol, al gusto. Ahí se muestran las primeras claves: los que solo van a bañarse optan por el sol en primera línea de batalla; los que apuestan por pasar el día completo, con comida, etc., cogen sitio a la sombra.

Hace calor, sobra decirlo, el termómetro supera los treinta grados, ¡quién diría que se está en plena sierra camerana!, y el cuerpo pide un baño. Con estas pistas es fácil adivinar que se trata del Club Náutico El Rasillo, la única zona de baño autorizada en la Comunidad de La Rioja, reconocida como tal por Salud Pública del Gobierno de La Rioja y en la que rigen las normas de calidad de las aguas de baño marcadas por el Real Decreto 1341/2007, así como vigilancia, servicios...

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Por todo ello, el área acondicionada en pleno embalse González Lacasa puede considerarse, salvando las distancias, como la playa riojana, 'la Concha de La Rioja'. De primeras uno de los elementos de dicha playa se cumple: donostiarras en sus aguas. Y no son nuevos en estas lides: cuarenta y cinco años lleva Marisol, natural del mismo San Sebastián, viniendo a descansar en El Rasillo y a sumergirse en las aguas del mar riojano. «Nos gusta el paraje y una parte de las vacaciones las pasamos aquí, además, como tenemos hábito de baño, al tener playa en nuestra ciudad, nos bañamos casi todos los días», reconoce. Son la familia Piera, que ya ha transmitido a las nuevas generaciones su gusto por la playa riojana. Así lo atestiguan, Xabier, Martín, Miguel o Lorea, nietos que disfrutan ahora con la tabla de paddle.

Un día de baño en el pantano de El Rasillo. / Sonia Tercero

Tanto tiempo frecuentando la zona, los bañistas habituales se van conociendo, como demuestra el trato de simpatía que ofrecen los Piera con Luis y María, naturales de Logroño, con 25 años de veraneo en el entorno. «Entre semana está más tranquilo, con la gente de la zona; el fin de semana la cosa cambia», cuenta Luis.

El acceso al agua, punto débil

Entre grupos de adolescentes, campamentos de jóvenes, parejas, etc., se salpican las familias, como la de Pilar Pagola, también donostiarra, aunque ahora residente en Bilbao. «Llevamos más de 35 años disfrutando de El Rasillo, y ahora también con hijos y nietos. Es muy agradable estar aquí, hay mucha tranquilidad, las vistas, la terraza del bar...», apunta.

A escasos metros, Markel, a punto de cumplir los dos años, permanece quietecito, sentado en la orilla, recogiendo en su cubo todas las piedras posibles. Sus padres, Rodolfo y Cristina, residentes en Logroño, hace años que se escapan al Club Náutico El Rasillo. «El bañarte en un entorno natural como este es diferente, el paisaje, etc. Además, aprovechamos y nos quedamos a comer, si es posible», relata Cristina, que espera un hermanito para Markel.

Con una sensación general satisfactoria de los usuarios consultados, también fluyen críticas constructivas: «Es mejorable, sobre todo la zona de acceso al baño, podría cogerse una idea de Playa Pita, con arena...»; «¿por qué se termina tan pronto la temporada de baño, el 31 de agosto? Septiembre, al menos hasta mediados, es un mes muy bueno».

El resto, en un gran limbo

Sin embargo, no todo el que quiere refrescarse opta por El Rasillo cuando decide no hacerlo en una piscina convencional, muchos se decantan por ríos, pozas naturales, embalses... Pero, ¿está permitido? Desde Salud Pública del Gobierno de La Rioja, a quien compete esta cuestión, se reconoce que la gran mayoría de estas zonas está «en un gran limbo en el que debe imperar el sentido común (por ejemplo, se puede bañar en un río, pero bajo la responsabilidad de cada cual); por tanto, donde no está autorizado ni prohibido expresamente -caso que ocurre ante vertidos u otros aspectos peligrosos-, no es que esté prohibido».

Refrescándose en el río Iregua. / Juan Marín

Así lo pudo comprobar este diario visitando la zona de baño más habitual en Logroño, el parque del Iregua, entre Puente Madre y el puente de la circunvalación. «Trabajo en el polígono de La Portalada y un día conocí este sitio por casualidad, hace dos años, y desde entonces venimos a bañarnos con frecuencia. Nos recuerda a nuestra tierra, la zona cafetera de Colombia», explica Carlos, junto a su mujer Leidy y el resto de la familia Carrillo-Marín.

Sentada en una de las orillas del Iregua, Verónica, de Lardero, observa cómo su marido Esteban y sus hijos Álvaro y Marco disfrutan como enanos en el agua. Aprovechan un pequeño retén del río para jugar con un flotador. «Nos traemos de todo, hasta una colchoneta con forma de ballena. Como solemos venir por la tarde también llevamos la merienda-cena y después del baño reponemos fuerzas», reconoce. Ella, con alergia al sol, no sale de la sombra, pero agradece «estar en un sitio abierto, nos gusta la libertad del río, aunque alguna vez también vamos a piscinas como las de Villamediana o Lardero o a El Rasillo». ¿Recomendaría el río? «Personalmente sí. Venimos desde hace nueve años y nunca hemos tenido ningún susto», concluye, apoyada en su experiencia.

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