La Rioja

Aventura en el río del Camero Viejo

 Las Fuentes del Restauro es el lugar más atractivo del cañón del Leza.
Las Fuentes del Restauro es el lugar más atractivo del cañón del Leza. / VICENTE ORÍO
  • El cañón del Leza ofrece la posibilidad de recorrer el cauce bajo los buitres

El cañón del Leza es un paraje tan espectacular como desconocido. Muchos lo contemplan desde fuera pero pocos lo disfrutan desde dentro. Transcurre entre Soto en Cameros y Leza de río Leza, en el nacimiento del Camero Viejo, consta de unos 9 kilómetros y es uno de los más grandes del norte de España y el único de La Rioja que se puede recorrer a pie, aunque con algunos tramos a nado, ya que otros como los del Oja, el Jubera y el Colorado (Pedroso) cuentan con paredes que hay que salvar con rápel.

Las estaciones idóneas para disfrutar del cañón del Leza son primavera y otoño, cuando es caudal no es excesivo, como el peligroso invierno, ni escaso como en verano, cuando algunas zonas se vuelven insalubres por el agua estancada de las pozas. Hay dos modos de disfrutar del cañón, iniciando el recorrido por el cauce desde Soto, donde actualmente el agua se filtra y hay que caminar unas dos horas antes de volver a encontrarla en el lecho, o aprovechando ese tiempo para recorrer una ruta senderista que parte desde la Ermita de Nuestra Señora del Cortijo y que permite contemplan huellas de dinosaurio. También, y con ayuda de un guía experto, es posible llegar hasta la entrada de la cueva del Chorrón, la de mayor caída vertical de La Rioja, aunque su acceso sólo es posible con un buen equipo de espeleología.

No obstante, sólo el recorrido de barranquismo del cañón del Leza supone una experiencia deportiva y de naturaleza inolvidable. La Universidad de La Rioja organiza mañana un recorrido de «senderismo acuático» por el cañón del Leza con salida a las 8 horas desde el polideportivo y un precio de 12 euros (6 euros para los abonados a las actividades deportivas de la UR). Uno de los principales atractivos del recorrido es que para salvar algunas zonas de difícil acceso es necesario sumergirse en el agua de las pozas que se forman en el curso del río y nadar brevemente. Incluso los más valientes pueden saltan al agua desde las rocas situadas a diferentes alturas, aunque siempre es necesario comprobar antes la profundidad de la poza y, en concreto, de la zona de caída.

Lorenzo J. Martínez es el guía de montaña que ejercerá de monitor en la excursión de la UR. Aunque es posible recorrer en barranco por libre, es aconsejable hacerlo en una ruta organizada o acompañado de un experto ya que, una vez dentro, el acceso a mitad de recorrido es muy complejo por lo escarpado del terreno y cualquier incidencia puede dificultar el rescate, pero, con las debidas precauciones, no debe suponer problemas, siempre y cuando se cuente con un nivel físico medio, al menos. El recorrido puede durar seis horas.

«Lo más impresionante es que se descubre una visión diferente que te hace comprobar la magnitud del cañón, su verdadera profundidad», explica Lorenzo. Para él, el cañón del Leza es ideal para iniciarse en el barranquismo porque son necesarias las cuerdas ni, en ocasiones, el neopreno. Hace un mes fue posible descenderlo en piragua, en una modalidad de kayak extremo, pero ahora el nivel del agua está al límite y sólo la lluvia de estos últimos días puede que permita disfrutar del recorrido unos días más.

A mitad de recorrido, a la altura de Trevijano, se encuentran las denominadas Fuentes del Restauro, la poza más grande del Leza puesto que se nutre de tres cascadas de agua. Allí se pueden ver nidos de mirlos acuáticos, una de las especies de aves propias del lugar. No obstante, durante todo el recorrido será habitual que sobrevuelen los buitres. Para contemplarlos desde lo alto existe el mirador del cañón del Leza en Soto pero desde el río se pueden observar desde abajo.

No es demasiado extraño toparse con el cadáver de algún animal que, ocasionalmente, puede despeñarse, como ciervos y vacas. Incluso se pueden ver ejes y ruedas de coches antiguos, puede que de accidentes ocurridos mucho tiempo atrás. Y es que el desfiladero llega a tener 900 metros de desnivel desde los montes más altos hasta el lecho del río y unos 300 desde la carretera LR-250.

«Sentir su fuerza»

El aventurero riojano Vicente Orío lleva treinta años recorriendo el cañón del Leza, que primero descubrió como pescador y «me encantó», confiesa; después lo cruzó como piragüista y ahora lo da a conocer en excursiones con amigos. «Dentro puedes sentir su fuerza, tiene su propia magia por lo abrupto del terreno, ha esculpido el valle con paredes verticales», describe Vicente Orío.

La belleza del lugar es tanto de fauna como de flora, y es un rincón con historia. Las laderas de monte repletas de boj, las aves, los anfibios, los peces... forman un hábitat silvestre que el hombre, de pronto, invade. Y hay que tener precaución: «Siempre hay que ir con gente que sepa moverse sobre el terreno. Es un paisaje especial, de difícil acceso, y todos los años pasa algo. Un simple esguince puede requerir un rescate por vía aérea», advierte Vicente.

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