La Rioja

CUANDO EL ESCRITOR SUPERA A LA CREACIÓN

  • Montero Glez recrea en 'El carmín y la sangre' la azarosa y entretenida existencia de Ian Fleming, creador de James Bond, durante la II Guerra Mundial

Cómo se puede llegar de James Bond a una de las prosas más salvajes de la actualidad. De Ian Fleming, un cachorro educado para y por las élites de la más rancia aristocracia inglesa hasta la Venta de Vargas, la apoteosis del flamenco a dos pasos del Peñón de Gibraltar, a través de la prosa navajera de un escritor en continua alucinación lisérgica. Fácil, porque la historia estaba ahí y el escritor también.

Montero Glez se fue de Madrid a Cádiz para encontrar la salud 'espiritual' y se hizo hijo adoptivo de ese templo de flamenco que es La venta de Vargas. Una noche de juerga eterna oyó algo de que durante la Segunda Guerra Mundial allí hubo marineros de submarinos nazis disfrutando de juergas flamencas y escuchó algo de un espía inglés que no dejaba hembra tranquila. Comenzó a preguntar y se enteró de que era Ian Fleming, el creador de James Bond. Preguntando e investigando descubrió que Fleming era el jefe del espionaje inglés en el Peñón durante la II Guerra Mundial. Que diseñó un plan de desinformación y espionaje para impedir que los submarinos alemanes acabaran con el abastecimiento de Inglaterra, sitiada y a punto de sucumbir bajo los bombardeos alemanes. Vivió y cruzó la línea para atacar y confundir a los alemanes que campaban por sus respetos en la España de Franco y aprovechó para trajinarse a cualquier mujer que se cruzase en su camino.

Con todos estos mimbres, un escritor acostumbrado a recrear con una lengua salvajemente rica y sin consideraciones ha organizado una historia que nace y acaba en una juerga flamenca en la Venta en la que se juntan una Lola Flores de la época, 'La petenera'; la tripulación de un submarino nazi; la policía franquista; los espías españoles que trabajan para todos y para sí mismos; soldados ingleses a la caza de información; y alguno que pasaba por allí. La escena que da comienzo y termina la historia recuerda a la matanza en un bar de 'Malditos bastardos' pero con mucho más sexo y flamenco.

El grueso de la novela nos narra las aventuras de Fleming desde que llega a Gibraltar hasta que es relevado del cargo. Sus maniobras, sus farras a costa del tesoro inglés, sus locuras en los casinos de Estoril, sus intentos por involucrar a los Estados Unidos en la guerra y su vida crápula en Londres. Un conjunto mucho más interesante que las aventuras de James Bond. A cuya primera novela dio como título el nombre en clave de su misión en Gibraltar, 'Goldeneye' en recuerdo de la novela de Carson Mcullers. Era un señor con estilo, sexista, violento y siempre elegante: ¿A qué nos suena?

Hay que reconocer que el personaje poco o nada tiene que ver con el mundo de la bahía de Algeciras al que últimamente nos tiene acostumbrado el autor. Ese mundo se cuela en el prólogo y epílogo final, así como en las aventuras gaditanas de Fleming. Pero eso no hace la novela menos interesante.