La Rioja

El Yoar a la espalda

Desde Logroño. Panorámica de la Sierra de Codés, con el Yoar (1.417 m.) en el centro, Grudo o Riscas del Yoar (1.365 m.) a a izquierda y La Plana (1.338 m.), a la derecha.
Desde Logroño. Panorámica de la Sierra de Codés, con el Yoar (1.417 m.) en el centro, Grudo o Riscas del Yoar (1.365 m.) a a izquierda y La Plana (1.338 m.), a la derecha. / Justo Rodriguez
  • Logroño apenas mira esa magnífica montaña vasco-navarra que corona, a tiro de piedra de la ciudad, la Sierra de Codés

Al norte de Logroño, donde el horizonte está esculpido en roca calcárea que azulea la distancia, el León Dormido tiene un hermano peor conocido y aún más imponente. Quizás parezca otra fiera todavía mayor y más acechante, pero el Yoar es en realidad generoso en hermosura como una montaña de piedra repleta de tesoros a la vista de todos y otros secretos ocultos que es mejor seguir guardando.

Al este de la Sierra de Cantabria, casi como continuación la una de la otra, se alza la Sierra de Codés, muga natural donde las provincias de Álava y Vitoria pugnan como piezas de un rompecabezas. La Rioja queda abajo, en el valle, del Ebro hacia el sur, con las cumbres de la Ibérica más a lo lejos. Pero Logroño está a tiro de piedra. Desde la ciudad casi se puede tocar con la punta de los dedos este magnífico territorio que, sin embargo, parece quedar a nuestras espaldas.

El Yoar, también Joar o Ioar (1.417 m.), es la cumbre de esta rica y diversa Sierra de Codés: pedregosa, escarpada y agreste por su vertiente meridional (la que nosotros vemos), que cuelga sus paredes sobre el valle navarro de Aguilar; y, en cambio, boscosa y húmeda por la septentrional (la cara oculta a nuestros ojos), que desciende más suavemente hacia el valle vasco de Codés. Otras dos cotas destacadas flanquean la cima principal: al oeste, el pico Grudo o Riscas del Yoar (1.365 m.); y al oeste, La Plana (1.338), con la separación más evidente del antiguamente llamado puerto de Codés, por donde discurre la ruta de ascenso más frecuentada. A un lado y a otro se prolonga en descenso por Sierra Chiquita (990 m.) y la Costalera (1.234).

Al menos dos puertas dan acceso a esta montaña llena de posibilidades: la localidad alavesa de Santa Cruz de Campezo y la navarra Torralba del Río (apenas a media hora de Logroño por carretera). Desde está última se accede al santuario de Nuestra Señora de Codés, monumental templo del XVI-XVIII, cargado de historias de la Guerra de la Independencia y acondicionado con la hospedería que regenta el navarro-riojano Óscar Arana. Si Kanpezu (572 m.) es para nosotros puerta trasera, Kodes (814 m.) va a ser la puerta principal.

Allí mismo, a resguardo de las paredes y entre robles, empieza el sendero del viejo puerto (señalizado como GR-1) que pronto se empinará y comenzará a zigzaguear bajo Peña Blanca (1.249 m.), Pico Royo (1.321 m.) y la Peña de los Cencerros (1.171 m.). Esta última, con su aguja y su horquilla características, guarda el contraste entre la leyenda del pastor que la ascendió por primera vez apostando unos cencerros a cambio y la tragedia de dos hermanos de Torralba que se mataron en 1983 rapelando en el descenso, los gemelos Íñigo y Eduardo Carballeda, a quienes recuerdan una placa.

A la Peña de la Mujer, bajo La Plana, le da nombre otra leyenda por una que cuentan que se perdió allí, no sabemos cómo. Cerca están también la Peña de la Cueva y la fuente de los Nenes. Y enseguida, el puerto que se abre al sorprendente raso de La Llana (1.215 m.) encrucijada de varias rutas posibles, con La Plana justo a la derecha y el Yoar, a la izquierda ya perfectamente a la vista, gracias a su horrible antena. Desde aquí se puede también tomar rumbo este hacia Malpica (1.110 m.) y Costalera, o buscar el sendero que baja a Kanpezu. O, aún mejor, explorar el pinar próximo para descubrir el recóndito y plácido refugio de Conde.

Para el Yoar basta con seguir un sendero muy visible y despejado antes de internarse en un hayedo hermosísimo en cualquier estación y salir sin más a la cumbre despejada. Aquí conviene hacer ojos ciegos a la gigantesca antena y las instalaciones de la estación repetidora. Otros elementos menos agresivos, la vieja cruz y sus buzones montañeros, nos reciben mejor en esta cima de maravillosa panorámica.

Exigente, pero interesante

Capítulo aparte merece otra espectacular ruta de ascenso desde el pueblecito de Azuelo, muy próximo a Torralba, por el Valle de los Penitentes, así llamado por la estrechez y el respeto que imponen los monolitos de las Dos Hermanas y la Tercera Punta, el paso bajo el Puente del Diablo y la vista desde la Ventana de las Brujas. Es más exigente, pero bien merece la pena. Más larga y suave, pero también preciosa, es la travesía desde el puerto de Genevilla conectando Sierra Chiquita y Grudo.

Y desde Kanpezu, una pista entre robles y hayas, da acceso directamente a la cima, pero también una vieja senda (señalizada como P.R.) permite adentrarse más discretamente en el hayedo hasta salir, a través de un fabuloso bosquete repoblado de abetos, al ya conocido raso de La Llana.

Uno podría quedarse a vivir en estos parajes, hacerse anacoreta o volverse piedra; como estas montañas. Como esos enigmas azules que vemos en el horizonte desde la ciudad pero no alcanzamos a descifrar.