La Rioja

«Ésta es la mejor gira que he hecho en mi carrera y la más emocionante»

Loquillo y su banda presentan esta noche en Villamediana de Iregua 'Viento del este', el disco con el que metió a 18.000 personas en la plaza de Las Ventas. :: warner
Loquillo y su banda presentan esta noche en Villamediana de Iregua 'Viento del este', el disco con el que metió a 18.000 personas en la plaza de Las Ventas. :: warner
  • La penúltima fecha de la gira de 'Viento del este' llega esta noche a Villamediana, donde el Loco y su banda lanzarán el mejor rock de este país

  • José María Sanz 'Loquillo' Cantante

Tras recorrer todo el país, la gira en la que el Loco presenta 'Viento del este' llega hoy a La Rioja. Con The Ladies abriendo a las 22 horas, el polideportivo municipal de Villamediana recibirá a Loquillo una hora después.

Llega al final de una gira multitudinaria. ¿Qué le está dando?

Es la gira de una banda de rock más importante del año. Y creo que es la mejor que he hecho en toda mi carrera y mi mejor experiencia emocional. Cuando tienes 28 años ves la vida de una manera, y cuando tienes 55 la ves de otra. He disfrutado esta gira mucho más que lo que pude hacer en 1988.

El 24 de septiembre 18.000 personas llenaron la plaza de Las Ventas de Madrid. ¿Qué poso le deja?

Hasta dentro de medio año no voy a interiorizar lo que me ocurrió. Las 18.000 personas venidas de todo el país y de distintos sitios del mundo fueron las protagonistas. Es la primera vez que el público ha actuado para mí, yo era un mero espectador.

La población de Villamediana cabe dos veces en Las Ventas.

Yo respeto a mi público, ya esté en Las Ventas o en Villamediana. Nosotros no hacemos prisioneros. Como la Transportada, vemos un objetivo y allá vamos con todo porque la intensidad que ponemos en cada momento es la misma.

Se editará el directo de Las Ventas. ¿Qué planes hay después?

¿¡Hay placer mayor que tocar en una banda de rock n' roll y girar por todo el mundo!? Es mi sueño de adolescente, así que ¡cómo voy a desperdiciar esto! Empezaremos en marzo en Bruselas, haremos unas fechas europeas y después América. Antes, tendremos tres meses de descanso en los que el resto de la banda desarrollará sus proyectos en solitario. Es importante en esta banda que cada uno pueda desarrollar su carrera. De ese modo, todos volvemos a la banda con ideas.

Amante del baloncesto, ¿cómo gestiona como 'entrenador' a cada músico y sus roles?

Ese es el secreto. ¡y no voy a contarlo! Soy buen entrenador porque he tenido muy buenos maestros. En el rock, Gay Mercader, que dice que soy su mejor alumno; en el deporte, a Epi. Con sus enseñanzas he aplicado mis principales decisiones.

'Viento del Este' regresa a la raíz tras el rock más áspero de 'La nave de los locos'. ¿Qué impronta buscaba con Cobo y Josu García?

Entre ambos surge 'Código rocker', obra de rockabilly que para algunos es un disco menor. Y para nada. Para mí era la prueba para poner a trabajar a Mario Cobo y Josu García juntos en la producción y ver cómo entraban Alfonso Alcalá e Igor Paskual en la gira. Fue el laboratorio en el que tomé el pulso a la nueva banda y nos llevó a 'Viento del este'. Con 'Código rocker' cambié el paso y mostré mi sistema de trabajo, el punto de inflexión sobre cómo entiendo una banda de rock.

'A tono bravo', 'Acto de fe' y tantas otras son canciones que hablan. ¿Cómo las escucha su público?

Lo único que pido a mi público es lo que, supongo, ellos me piden a mí. Respeto todas las ideologías y pensamientos. Vienen a verme personas de todas las opciones del arco político. Lo único que yo transmito son valores, mis normas. No pretendo salvar el mundo, cambiar la memoria de nadie ni, mucho menos, erigirme en fuero ideológico, por mucho que hayan tratado de meterme en ese fregado. Cuento lo que yo siento, y habrá gente que esté de acuerdo y otra que no. Mi público y yo hemos alcanzado el respeto mutuo. En momentos como estos, con el espectáculo que estamos viendo de la clase política, creo que unir, respetar lo que piensa el otro y, sobre todo, convivir es lo importante.

De ese compromiso surge la rabiosa 'El mundo que perdimos'.

Pertenezco a una generación a la que nos vendieron Europa como la tierra prometida, que íbamos a construir después de haber pasado la dictadura y la transición. Ese mundo se nos ha caído a trozos. También nos vendieron una España moderna, cosmopolita, integrada en Europa, donde la cultura fuera pieza fundamental de la educación de las generaciones nacidas en democracia. Y nos hemos encontrado una España que no sabe adónde va, con una clase política que ha olvidado el sacrificio de generaciones anteriores por la convivencia. Están espoleando fantasmas del siglo pasado y, algo que a mí me irrita, el guerracivilismo. Es la canción de hartazgo de un tipo de mi generación, no de uno con 25 años, que piensa lo que pudimos ser y no fuimos.

Hablando de los que hablan. ¿Qué ha sentido con el Nobel a Dylan?

No sólo es un reconocimiento a Dylan, sino a una cultura que ha sido puesta en tela de juicio en muchos momentos. Estamos en el siglo XXI y los medios, las formas y modelos para transmitir cambian. Posiblemente, si Cervantes hubiera nacido en 1968 no hubiera escrito el Quijote, lo habría plasmado en cómic. El premio a Dylan significa que, antes de que existiera la imprenta, había unos señores que iban a los pueblos contando historias con una guitarra. Frente a quien lo duda, para mí Dylan es un escritor. Pero hay gente que no entiende la cultura rock. Para mí es normal trabajar con escritores, como Luis Alberto de Cuenca, Carlos Zenón, Sopeña. ¿Qué pasa, que no tienen validez los poemas que pasan a música? Es el mundo antiguo y el mundo nuevo.

En sus conciertos hay momentos de catarsis , como 'El rompeolas'. Cuando surgió en 1988, ¿ya intuyó que sería un clásico?

Sí, sabíamos que iba a ser hit. Luego surgió 'Feo, fuerte y formal', 'Cruzando el paraíso'... Es la misma sensación mágica que tengo con 'En el final de los días'. Esas cosas ocurren de vez en cuando, son mágicas.

Cada uno de sus últimos discos es un viaje sonoro. ¿Cuál puede ser la siguiente inquietud?

Me gusta putear a mis compañeros de generación. Con 'Balmoral' derrumbo algo que no había ocurrido en España: que una estrella del rock a partir de los 45 años no desaparezca o caiga en la nostalgia, sino que cierra una etapa, abre otra y consigue llegar a lo más alto a los 55. Me gusta despistar en cada disco. He ido tocando diversos palos y buscando diez años hasta que he encontrado la banda que puede tocar todos, pasando del rock contemporáneo al rockabilly, de los clásicos de los Trogloditas a los de mi etapa en solitario. Ya lo siento por los demás, pero no queda más que descubrirse.