La Rioja

Otra capa de la inagotable Cebollera

Laguna de la Nava. La laguna estacional en las inmediaciones de Villoslada, seca tras los meses de verano, que será atravesada por la marcha este año a la ida y a la vuelta. ::
Laguna de la Nava. La laguna estacional en las inmediaciones de Villoslada, seca tras los meses de verano, que será atravesada por la marcha este año a la ida y a la vuelta. :: / L.R.
  • La XXII Marcha Hoyos de Iregua volverá a recorrer Lumbreras y ascenderá por primera vez el cerro Cebosa

  • La cita senderista más veterana de la sierra riojana, el domingo 2 de octubre desde Villoslada, combinará parajes naturales de Cameros y espacios humanizados

Capa a capa, como las cebollas, la Sierra Cebollera va mostrando sus inagotables atractivos. Año a año, como los otoños, la Marcha Hoyos de Iregua los va recorriendo; lenta y esforzadamente, como sus antiguos habitantes. Y con el deleite de los nuevos caminantes. En su vigésimo segunda edición, el primer domingo de octubre, la cita senderista más popular y veterana de la montaña riojana volverá a partir de Villoslada de Cameros para discurrir esta vez por el término vecino de Lumbreras. En su recorrido, menos duro que en anteriores ocasiones pero con similar distancia (treinta kilómetros), combinará los parajes naturales del Cameros Nuevo, hasta asomarse al Viejo, y los espacios rurales humanizados de la aldea del Horcajo, el despoblado del Hoyo, el pueblo de San Andrés, retirado de las aguas del embalse, y el propio Lumbreras. El río Piqueras y no el Iregua será en esta ocasión testigo del paso del millar de montañeros que habitualmente reúnen Fundación Caja Rioja y sus colaboradores. Y el cerro Cebosa, una cumbre modesta y poco frecuentada, la atalaya desde la que admirar este paraíso.

Mostrar esa armonía entre espacios naturales y antropizados que ha hecho de Cebollera lo que hoy es, el primer parque natural de La Rioja, el mayor y más diverso bosque de este territorio y, al mismo tiempo, un vestigio de la secular cultura ganadera serrana ya casi completamente en desuso, es el principal atractivo de esta edición. Francisco Burgos, responsable de I+D de la Fundación, la presentó ayer como «una estupenda oportunidad para iniciarse en las rutas montañeras» y poder disfrutar de la conservación del monte y su aprovechamiento «sin necesidad de congelar el tiempo». A su lado, Miguel Urbiola, director general de Medio Natural, destacó también la belleza propia y el estado de los paisajes que van a recorrerse.

El trazado, ideado como siempre por la Sociedad de Montaña Sherpa, «retoma unos parajes menos montaraces y más amables», señaló Jesús Escarza, pero indiscutiblemente hermosos: pinares, hayedos y robledales, zonas de pastos y dehesas, arroyos y lagunas estacionales, y el intrincado brezal que protege el alto de Cebosa.

La marcha partirá de Villoslada por la ermita de San Roque y la pista de las Navillas, hacia la laguna de la Nava (actualmente seca como suele ocurrir a finales de verano), para salvar la carretera N-111, cruzar el río Piqueras y llegar a Lumbreras. Por su término municipal discurrirá la mayor parte de la jornada. Primero por el despoblado del Hoyo -unos pocos corrales y una casa en ruinas es todo lo que queda allí-, antes de acometer la principal ascensión, el cerro Cebosa (1.533 m.), que mira desde lejos los dosmiles de Cebollera.

La particularidad de esta cumbre poco conocida que se yergue sobre Aldeanueva de Cameros, es que, perteneciendo ya al Viejo, junto a su hermano mayor el Horquín, no vierte sus aguas a la cuenca del Leza sino a la de Iregua. La mayor dificultad que plantea su ascenso es el denso matorral, que lo haría penoso de no ser porque la cuadrilla forestal trabaja en desbrozar el paso a la marcha.

Del Cebosa se descenderá a la aldea del Horcajo y seguidamente a San Andrés, antes de cerrar el círculo de nuevo en Lumbreras y desandar el camino inicial de vuelta a Villoslada.

Son los dos municipios cuyos términos ocupa el Parque Natural de Cebollera. Aprovechar al máximo su extensión variando de año en año el recorrido de una marcha que nació hace ya dos décadas con los Hoyos de Iregua como destino es, según los organizadores, uno de sus mayores aciertos. El modo de ir conociendo, capa a capa, como una cebolla, esta sierra riquísima.