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Sábado, 29 de julio de 2006
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Sobre ideas firmes
Álvaro de Marichalar ofreció ayer una conferencia en Torrecilla en Cameros en la que narró algunas de sus expediciones marítimas más importantes
La tele no engaña, es alto y, según muchas mujeres, también guapo. Pero no fue por eso por lo que se llenó ayer por la tarde el salón de actos del Ayuntamiento de Torrecilla en una de las actividades del III Verano Cultural. Y es que decir Álvaro de Marichalar y Sáenz de Tejada lleva implícito 24 años de expediciones en el mar y de importantes récords entre los que destacan las 10.000 millas que recorrió en solitario desde Roma hasta Nueva York en 2002.
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Álvaro de Marichalar, ayer, junto al puente de Torrecilla. / M. C.
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La última de sus aventuras tuvo lugar hace unos días. «Fue una de las expediciones más importantes, desde Hong Kong a Tokio, al límite, 5.000 kilómetros, en una época muy mala por las lluvias, lo que ha provocado bastantes sustos. Sin embargo, he podido promocionar el V Centenario de San Francisco Javier», explicaba ayer Álvaro. Detrás de todos sus viajes hay fondo social, ya que defiende valores como la tolerancia, el deporte, la vida sana, etc.

A pesar de la satisfacción posterior sus trayectos implican numerosos sacrificios. «En la embarcación se siente mucha soledad, muchas caídas, hasta 10 veces al día. Además navego entre 12 y 14 horas diarias en pie, lo que significa perder unos 4 kilos de peso cada jornada. Para recuperarlos como 5 veces y bebo 6 litros diarios», explicó. La narración de sus experiencias, junto con los vídeos o las fotografías, trasladaron por un momento a los asistentes a los duros momentos que Marichalar vive en medio del mar.

Más allá de su reconocimiento internacional y de su fama, para los de Torrecilla, sigue siendo un chico del pueblo. «Aquí le esperan sus tías, y a su familia se le conoce mucho en la localidad», explicaban ayer las lugareñas. «Veníamos muy a menudo de pequeños y ahora todavía venimos con nuestra madre», recordaba con el mismo cariño el aventurero.

A pesar de los recuerdos, no fue en La Rioja donde aprendió a dominar las aguas sobre una embarcación. «En el Iregua nadaba mucho, es un río precioso». Con ese mismo sabor de boca quedaron los torrecillanos que ya conocen un poco mejor las hazañas de uno de los suyos con más fama.



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