El aeropuerto de Agoncillo estrenó ayer los vuelos a Málaga en una jornada en la que su sala de espera se abarrotó de pasajeros gracias al lleno de los vuelos
Como en la canción de Jarabe de Palo, ayer el aeropuerto de Logroño vivió el yin y el yang de las vacaciones: unos vienen y otros van. Hacia o desde Málaga, Tenerife y Madrid, los pasajeros disfrutaron de algunos de los vuelos que durante los meses de verano se han programado en Agoncillo.
La diferencia con un día cualquiera del invierno es abismal. Gente sentada en las salas de espera, paseando mientras aguardan impacientes la llamada de su vuelo, maletas de un lado a otro; un bullicio generalizado que da una vida inusual al aeropuerto. Incluso el personal agradece tanto ajetreo: «da gusto verlo así», decía una empleada. Ahora hay caras conocidas que se encuentran en la terminal. Ya no están en Bilbao, Vitoria o Pamplona, sus vacaciones comienzan en Logroño.
El vuelo de Tenerife Sur llegó con 20 minutos de antelación. Todos bajaban resplandecientes. Unos, porque llegaban de las vacaciones, relajados y morenitos. Otros, porque se disponían a disfrutar de unos días en nuestra comunidad. Gracias a la promoción del turismo interior que hace el Cabildo tinerfeño, ayer recibimos de las Islas Afortunadas a un grupo de jubilados, fácilmente identificables por su acento.
Poco después, una llamada a los pasajeros del vuelo a Málaga y todos a embarcar. A las dos de la tarde les tocó el turno a los que se disponían a viajar a Tenerife y ya bien entrada la tarde, a las 17.55 horas, el altavoz sonó para los usuarios del vuelo a Madrid. Estas operaciones se repetirán durante los meses de julio y agosto, en los que podremos presumir de tener un aeropuerto con mucha vida.